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sábado, 20 de febrero de 2016

YA ESTÁ DISPONIBLE "LA VERDADERA CARA DE LA GUARDIA CIVIL" EN E-BOOK

Por fin, tras transcurrir el tiempo establecido, mi libro "La verdadera cara de la Guardia Civil", ya se puede adquirir por tres euros en la web bubok.es, en e-book, formato pdf. Tras ser boicoteado en la gran mayoría de las librerías que intentaron venderlo, sigue de actualidad pese el tiempo transcurrido desde su publicación por la editorial Trymar en 2002. Catorce años después, apenas han cambiado algunas cosas, pero todas ellas gracias a los titánicos esfuerzos de la AUGC. Recomendable para todo aquél que desea ingresar en algún  cuerpo de seguridad español y aún no se ha decidido.

viernes, 4 de mayo de 2012

CONSEJOS AL GOBIERNO PARA REDUCIR EL DÉFICIT PÚBLICO


Hemos visto últimamente cómo el Gobierno se esfuerza en redudir el déficit público concentrándose casi exclusivamente en la reducción (recortes) de gastos y no en el incremento de los ingresos. Bien, pues desde aquí, basándome en experiencia personal - y habrá muchos de acuerdo en que ocurre esto -, le doy a gratuitamente un consejo muy importante para incrementar los ingresos a través de la vía de la recaudación de multas de tráfico.

Sí, lo sé, parece una obviedad y una medida muy impopular, pero no me refiero a aumentar las multas por la ORA o por estacionamientos incorrectos o incluso por el uso del radar en rectas de autovías sin peligrosidad. No. Me refiero a dedicarse a aplicar con justicia el Reglamento de Tráfico en conductas que todos, o la gran mayoría de nosotros, consideramos claramente merecedoras de sanción, incluso de retirada del permiso de conducción.

Y con ello estoy hablando, por ejemplo, de la gran cantidad de conductores que usan el teléfono móvil al volante. Un porcentaje de dos de cada diez lo hacen, y muchos con descaro. Y una de las cosas en que me doy cuenta antes de verlos con el "aparatito" en la oreja es cuando veo que el vehículo en el que van hace cosas raras, como detenerse donde no debe o girar sin indicadores de dirección, cuando no circulan a velocidad anormalmente reducida, siendo un estorbo o un incordio para la mayoría. Y si les llamo la atención, me ignoran o me insultan gestualmente. Lo que no harían si les sorprendiese un patrulla policial, evidentemente. Allí hay un filón para recaudar muchos, muchos miles de euros, a la vez que ayudan a retirar un peligro para la circulación de los demás conductores responsables.

Luego están los que ignoran para qué sirven los indicadores de dirección, o sea, los intermitentes. Giran y giran donde les dá la gana o, lo que es peor, se detienen, sin jamás avisar a los que van detrás, con lo que entorpecen gravemente la circulación o incluso provocan accidentes de colisiones por alcance. No puedo entenderlo, si no cuesta nada accionarlos. Pero como se creen que van solos por el mundo no les interesa ni les importa advertir a nadie de lo que van a hacer. Y un porcentaje cercano a la mitad no los usa en ocasiones, habiendo seguramente entre un diez y un veinte por ciento que no los usan nunca o sólo cuando se acuerdan. Otros miles de euros se pueden recaudar por aquí.

Los que no respetan, por costumbre, los pasos de peatones. No incluyo aquí a los conductores a los que les sorprende el peatón que cruza antes de que puedan detenerse en condiciones, sino a los que ignoran deliberadamente esas "molestas" rayas aunque estén elevadas por un badén.

Y cuántas veces nuestros oídos han sido agredidos por los continuos toques del claxon de algún pobre incauto cuyo vehículo ha quedado encerrado por otro que está en doble fila y su conductor está "desaparecido". Es que incluso conculcan el derecho a la libre circulación. También es una gran fuente de ingresos para el Estado multar y retirar todos aquellos vehículos en doble, incluso en triple fila, cuyo conductor se ha ausentado y se ha desentendido del mismo. No me refiero a aquéllos en los que un motivo importante les obliga a hacerlo, estando pendientes del vehículo y siempre y cuando no obstaculicen la circulación en una vía principal.

Y el uso del radar, por supuesto, pero no en rectas de autopistas y autovías en los que raramente se produciría un accidente a no ser que se superen con mucho los límites establecidos, sino en las vías urbanas sobre todo. Últimamente, las autoridades se han dedicado a colocar badenes y bandas sonoras que fastidian a todos los conductores, tanto los buenos como los malos, pagando justos por pecadores. Con unos radares con buena cámara fotográfica, como los que el Ayuntamiento de Madrid colocó para sancionar a los vehículos que entraran en zonas restringidas del centro, se recaudarían a lo mejor millones de euros, porque a muchos les encanta pisar el acelerador y da igual que sea una autovía o la proximidad de un paso de peatones en una zona escolar o urbanización residencial. Como ejemplo de lo que se podría recaudar a diario, la autovía de Extremadura, la A-5, desde que sale del túnel bajo el río Manzanares hasta Cuatro Vientos, unos cuantos kilómetros, está limitada a 70 km./h. Y la principal razón es por reducir el ruido del tráfico para que afecte lo menos posible a los edificios residenciales colindantes. No por fastidiar al conductor. Pues yo soy de los pocos, muy pocos, que respetan ese límite... ¿A que esperan las autoridades de Tráfico? Eso es un filón de oro. Y habrá más lugares así en todas las ciudades españolas.

Y una de las pocas cosas que habría que modificar en cuanto a los efectivos policiales necesarios sería emplear más vehículos camuflados, aunque yendo de uniforme, tal y como viene haciendo en ocasiones desde hace años la Guardia Civil de Tráfico. No hace falta incrementar plantilla. Algunos radares más, porque la mayoría están apagados o mal colocados y ya está. En suma, pocos gastos y muchos ingresos. 

Como colofón hago hincapié en que solamente se trata de sancionar las conductas que realmente son un peligro o una molestia grave para los demás conductores, como estas y otras que no he incluído por ser más obvias como circular bajos los efectos del alcohol o drogas, o de forma temeraria. No olvidemos que un vehículo a motor es una máquina de matar. Esto es mucho mejor que seguir recortando en educación, sanidad, prestaciones sociales... Los conductores antisociales deben pagar por su desprecio a la sociedad en la que viven. Incomprensiblemente, muchos de ellos, sobre todo si son famosos, reciben luego afecto o comprensión por parte de una importante mayoría de personas, que no tienen en cuenta el daño que hacen, pero este es un tema diferente para otra entrada.

¿A qué espera, señor Rajoy?

martes, 2 de agosto de 2011

POR FAVOR, DEJEN YA DE VALORARNOS TANTO

CARTA ABIERTA A LOS ESPAÑOLES, ESPECIALMENTE A LOS QUE CONTESTAN LAS ENCUESTAS DEL C.I.S.


Hace poco me enteré de los resultados de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, sobre valoración de las instituciones, que volvió a aupar a la Guardia Civil al primer lugar, superando a la Corona, al Cuerpo Nacional de Policía, al Parlamento, al propio Gobierno, a las Fuerzas Armadas, a los jueces, etc.

Y posteriormente, sin dar tiempo a ningún recurso de última hora, la justicia militar ordenó el ingreso inmediato en la prisión de Alcalá de Henares de los agentes que estaban pendientes de un milagro que les evitara sufrir un castigo tan absurdo como desproporcionado por conductas que, en otros cuerpos policiales, no hubieran sido ni siquiera sancionadas o, al menos, por infracciones administrativas leves. Y, en el caso de la agente de Segovia, una madre de dos hijos, cuando ya había cumplido una elevada sanción disciplinaria de siete días. ¿No dicen las leyes que nadie puede ser condenado o sancionado dos veces por el mismo hecho?

Yo veo una relación entre ambas noticias que me inquieta. Las encuestas, desgraciadamente, cada uno las interpreta como conviene a sus intereses. En este caso, el Gobierno ha interpretado la estima que la Guardia Civil merece a los españoles como un respaldo a su política ultraconservadora que viene ejerciendo con respecto al Cuerpo en los últimos años: más militarización, más rigor disciplinario y, por supuesto, nada de unificación con el Cuerpo Nacional de Policía, como reclaman los sindicatos, la asociación AUGC, que tiene más de 30.000 agentes afiliados, y el 95 % de los miembros de su propia Escala Básica. Por tanto, la justicia militar, sintiéndose amparada por lo que cree que exige la sociedad, ha actuado imponiendo el castigo ejemplar que ha considerado oportuno, aún en contra del sentido común, de sus propios servicios de salud mental y de los derechos humanos más elementales.

Pero quiero creer que lo que los españoles han valorado, con muy buena intención, es cómo los guardias civiles se esfuerzan día a día por ofrecer el mejor servicio al ciudadano a pesar de sus bajos salarios, la penuria de medios y personal en muchas unidades, el acoso de sus propios mandos y el excesivo número de horas de servicio. Otra institución con problemas menos graves se hubiera venido abajo hace ya tiempo. A todos los que nos valoraron pensando así se lo agradezco sinceramente, pero el Gobierno no lo ha visto de ese modo, y por eso quiero pedirles un gran favor: Que en la próxima encuesta nos valoren en último lugar. Sí, han leído bien, en el último lugar de la lista.

Se preguntarán por qué les pido eso. Es obvio que si el primer puesto ha servido para que el inmovilismo continúe asentado en el Cuerpo y se sigan cometiendo barbaridades propias de la dictadura, lo más lógico ahora para evitarlo es mandarnos al vagón de cola. Que los gobernantes vean que el pueblo no está contento con la Benemérita y se decida a introducir las deseadas reformas.

Por si aún así les cuesta mucho cambiar su valoración, les voy a enumerar una serie de razones por si aún no las sabían o no las tenían en cuenta:

  • Somos el Cuerpo policial de toda la Unión Europea con mayor índice de suicidios y de enfermedades psicológicas (y posiblemente de toda Europa). En los últimos trece años, se han quitado la vida diez veces más guardias civiles que los que fueron víctimas del terrorismo.

  • En muchas zonas rurales, cuando un ciudadano/a avisa a la Guardia Civil para una emergencia, debido a la escasez de personal en los puestos, la patrulla se demora más de media hora y llega tarde. Mientras, en las comandancias no faltan oficinistas, albañiles, fontaneros, carpinteros, etc.

  • Somos el Cuerpo policial de España, y posiblemente también de toda Europa, con mayor número de retirados jóvenes por inutilidad psicofísica, y eso ya lo están notando las arcas del Estado. Por eso ahora los tribunales médicos militares mantienen en activo a agentes con enfermedades mentales o físicas que les hacen ser un impedimento o un peligro para sí mismos, los demás compañeros y para la sociedad en general.

  • Somos el Cuerpo policial que trata peor a sus propios miembros que a los delincuentes más peligrosos. Por comerse un bocadillo en un lugar que no le gusta al mando; por tener un pequeño golpe con el vehículo oficial o por decir la verdad a un superior, nos condenan a meses de prisión militar. Muchos son padres y madres de familia con hijos que no pueden comprender algo tan grotesco e injusto. ¿Cómo pueden tener ánimo esos guardias para reincorporarse al servicio cuando han visto que un mínimo descuido les cuesta la libertad?

Considero que una institución policial que se comporta de esa forma con sus agentes, en perjuicio de la sociedad a la que dice servir, no sólo debe ser valorada de la peor forma posible, sino que ni siquiera debe tener derecho a seguir existiendo. De ustedes depende, pues, que la unificación policial que acabará con la militarización que provoca las situaciones descritas (y por la que claman la inmensa mayoría de sus componentes), se haga realidad y no vuelvan a ocurrir en España del siglo XXI hechos tan dramáticos y surrealistas.




CIUDAD JUAREZ ES SOLO EL PRINCIPIO

Vivimos en un mundo superpoblado. A pesar de las innumerables guerras, terrorismo, catástrofes naturales, hambre, enfermedades y accidentes, sigue aumentando peligrosamente el número de seres humanos que pueblan este planeta que, por culpa del cambio climático, verá pronto reducida su tierra habitable. Y una de las principales consecuencias de ello es la falta de respeto por la vida de los demás, puesto que los vemos más como competidores por el espacio cada vez menor que nos toca, que como seres humanos con los que debemos convivir en paz. La muerte - de los otros – la tomamos con un sentimiento más de alivio que de dolor, salvo que sea la de alguien cercano o por una causa que nos horrorice morir, como el terrorismo.
Y estas ideas son las que, desgraciadamente, están predominando en Ciudad Juárez. La muerte de cientos de mujeres es algo que sólo preocupa a unos cuantos, principalmente sus familias, y parece ser un alivio para sus asesinos, unos malnacidos que disfrutan ensañándose con solas e indefensas mujeres. Los demás somos cómplices con nuestro silencio e inacción, actitudes que son consecuencia de la presión demográfica que vivimos. Pues siempre otras mujeres reemplazan en las maquiladoras a las desaparecidas y la vida sigue igual en Ciudad Juárez, exceptuando, claro está, a sus parientes y amistades. Y los criminales vuelven pronto a tener otras presas a su disposición ante la desidia (explicable, pero no comprensible, por las razones antedichas), de las autoridades.
Solamente sobran en este mundo las alimañas capaces de matar a sus semejantes y más si es por puro placer. Son este tipo de personas las que deberían desaparecer para que el mundo sea ms habitable, pues su existencia sólo contribuye a hacerlo parecer un infierno insufrible en el que no nos gusta vivir y Ciudad Juárez no es más que otra prueba de ello. Y el comienzo de algo terrible que nos estamos buscando con nuestra actitud cada vez más inhumana.


sábado, 30 de julio de 2011

CAZADOR CAZADO

DESPACHO DEL JEFE DE LA COMANDANCIA. 9:00 A.M.
(Sonoro taconazo al principio y al final)


- ¿Da usía su permiso, mi teniente coronel?

- Adelante, capitán López.

- ¡A la orden de usía, mi teniente coronel, sin novedad en la primera compañía!

- Gracias, siéntese, por favor. Como se imaginará, acabo de hacerme cargo del mando de esta comandancia y el motivo de haberle llamado es conocer el estado de las unidades, empezando por la suya.

- Comprendo, mi teniente coronel.

- Verá, lo primero que me ha llamado la atención es que de un total de noventa y siete guardias, ochenta y nueve han solicitado cambio de destino recientemente y treinta y dos están de baja por enfermedad, de los cuales, veinticinco es por motivos psicológicos...

- Bueno, los guardias de ahora no quieren trabajar, quieren que les lleven el sueldo a casa...

- No he terminado, capitán. Durante este año, y sólo estamos en junio, se han impuesto en su compañía setenta y cuatro sanciones disciplinarias leves y hay abiertos diecisiete expedientes disciplinarios por faltas graves o muy graves...

- No hay otra forma de imponer la disciplina, mi teniente coronel, quieren hacer lo que les dé la gana, no tienen ningún amor al servicio...

- No vuelva a interrumpirme, capitán. Hable cuando yo termine y le dé permiso.

- Dis... disculpe, mi...

- En fin, observo que usted ha impuesto casi el noventa por ciento de esas sanciones y que tenemos dos guardias de esta compañía presos en Alcalá de Henares por abandono de servicio e insulto a superior, además de uno en el hospital por intento de suicidio, sin contar con que el año pasado se suicidó de un disparo en la cabeza un componente de un puesto de su compañía. Y el índice de delincuencia ha aumentado en estos seis meses un treinta por ciento. Ahora puede hablar.

- Como le decía, mi teniente coronel, con estos guardias, la Guardia Civil va a la ruina. Ni órdenes, ni circulares, se lo pasan todo por el forro... Disculpe. Ya no hay espíritu militar ni vocación, salen de servicio a pasearse...

- Mire, capitán López, antes de llegar usted hace un año y medio, las cifras no eran las mismas que le presento y los guardias sí, en su gran mayoría. ¿A qué se debe este espectacular cambio?

- No sé, pregúnteselo a ellos, por qué se han vuelto unos perros.

- Me bastaba con preguntárselo a usted. Puede retirarse.

- ¿Ordena usía alguna cosa más?

- No, muchas gracias.

- A la orden de usía, mi teniente coronel.


BAR DE CARRETERA A LAS AFUERAS. 10:30 A.M.
(Parada para “reponer fuerzas”)


- Esto ha sido humillante, Felipe. Ese teniente coronel nuevo me echa la culpa de que mi compañía esté llena de vagos y maleantes. ¡No sabe lo que dice! ¡Es que hasta en Aranjuez se cuelan indeseables rojos!

- Desde que estoy con usted de conductor, no le veía tan enfadado... Hablando del teniente coronel, ahí acaba de estacionar su vehículo oficial.

- ¿Cómo? ¡Dios!

- Buenos días...

- A la orden de usía, mi teniente coronel. Sin novedad en el servicio. No esperaba verle de nuevo tan pronto...

- Capitán López, está usted consumiendo alcohol de servicio y de uniforme...

- Bueno, mi...

- Además, han entrado los dos al establecimiento, dejando el vehículo oficial solo y no están pendientes de las transmisiones. Son dos faltas disciplinarias que no tendré más remedio que sancionar.

- Pero, mi teniente coronel, ...

- No siga, espero sus alegaciones por escrito mañana por la mañana.

- ¿QUIÉN SE CREE USTED QUE ES? ¡SOY UN CAPITÁN DE LA GUARDIA CIVIL, NO UN PUÑETERO GUARDIA!

- Y soy un teniente coronel. Esas son réplicas desatentas, capitán. Ya es la tercera. Basta, por favor.

- ¡CÓMO SI ES LA QUINTA, ME DA IGUAL!, ¡QUÍTESE LAS ESTRELLAS Y SOLUCIONEMOS ESTO DE HOMBRE A HOMBRE!

- ¡Guardias! Detengan al capitán López por intento de agresión a un superior.


DORMITORIO DE UN PABELLÓN DE OFICIAL. De madrugada.
(Súbito y angustioso despertar)


- ¿Qué te ocurre, cariño?

- Nada, Herminia, sólo ha sido una pesadilla.

- Pero estás sudando a chorros. Ha debido de ser horrorosa, ¿No?

- No lo sabes tú bien.
DESPACHO DEL CAPITÁN DE LA PRIMERA COMPAÑÍA. 9:35 A.M.
(Jovialidad impropia de la mañana)


- ¡Bermúdez!

- ¡A la orden , mi capitán!

- Telefonee al puesto y que le digan al guardia García, el que está de baja psicológica, que no hace falta que venga a verme y lo antes posible póngame a la firma el escrito para cursar su solicitud de cambio de residencia temporal.

- ¿Cómo dice?

- Ya lo ha oído. Y, se me olvidaba, llame también al sargento Fuentes para decirle que tiene concedido el descanso continuado para este fin de semana.

- ¡A la orden, mi capitán! Tenga aquí, son las notificaciones de sanción disciplinaria para los dos guardias que llegaron tarde a la presentación y otro que tenía los zapatos sucios... ¿Pero qué hace? ¿Por qué las rompe?

- También dígale a Felipe que tiene hoy el día libre. Mañana temprano tenemos que ir a la capital, al juzgado militar y al hospital.

- ¿Adónde va ahora, mi capitán?

- A ver al cura, Bermúdez, a ver al cura.

LA ÚLTIMA NAVIDAD

Recuerdos de la última navidad: Apenas llegar a la ciudad, vamos a comprar el abeto a última hora, con un añejo coche al que hay que empujar varias veces para arrancarlo. Encontramos uno precioso y a buen precio, que atamos encima del auto. Vernos empujarlo de nuevo con el árbol encima es una imagen patética en la soleada mañana urbana. Adornarlo es ya un ritual y una fascinante transformación, tan sólo añadiendo esferas de colores, figuras diversas, una ristra de foquitos y un par de guirnaldas. Y la estrella en la cúspide. Todos acabamos retratados junto a él con villancicos populares como música de fondo… Siempre acabamos comentando lo absurdo de las letras de muchos de esos villancicos, “pero mira como beben los peces en el río”, “campana sobre campana y sobre campana una”… Mi suegra extrayendo las diminutas espinas del bacalao a la vizcaína, mi esposa inyectando una insólita mezcla de licores al pavo con una jeringuilla y mi cuñado y yo pelando patatas y frutas como arrestados de la “mili“. Cuánta actividad para que no falte de nada en la cena. Y cuidado con el tipo de queso para la pasta, que el año pasado hizo exclamar a mi esposa: “¡Mamá, que esto huele a patas!”… Un pedazo de verdura se me escapa del tenedor directo a mi barriga hace exclamar a mi suegra: “Esa zanahoria ha pensado que ya que va para la panza, ¡pues de una vez!”… El intercambio de regalos que había en la base del abeto, papeles de envoltorio rasgados, ojos de admiración y sorpresa, sinceras palabras de agradecimiento… Mi suegra leyendo con gran interés la introducción del libro publicado por su hija y dedicado a su familia… Las estrafalarias piñatas que “gritan de dolor” cuando reciben un golpe con la vara y son respondidas con sonoras carcajadas. No hay piedad y todas acaban despanzurradas en el suelo, con su contenido y sus regalitos desperdigados… Los fuegos artificiales que son captados por las cámaras fotográficas en extrañas trayectorias, transformándose en una suerte de arte abstracto… El fin de año en el Caribe, con un clima y un paisaje muy diferentes al de todos los tópicos navideños, pero con la misma parafernalia de brindis con vino espumoso, doce uvas, baile, gorritos, matasuegras y ruido… El resbalón de mi suegra en el aeropuerto que nos tuvo con el corazón en un puño antes de poder tomarlo como algo anecdótico… La gran cola frente a la única pastelería de la ciudad que vende roscón de reyes con la nata de relleno más deliciosa del mundo. Y eso que es el más caro, bueno, quizás por eso mismo. Pero mereció la pena esperar tanto para consumirlo en familia junto a un chocolate bien caliente y reírnos de los que encontraron (encontramos) el muñeco del niño Jesús en el interior del roscón… El regreso a ver a mi madre que, por querer disfrutar con el resto de sus hijos tanto como nosotros, pospuso una intervención quirúrgica que casi le cuesta una amputación o la vida… Como todo en la vida, estas fechas no han sido perfectas, pero casi.

viernes, 7 de diciembre de 2007

SERVICIOS AUXILIARES NUMÉRICOS S.A.

El pasado mes de julio estuve trabajando en la empresa citada, SANSA, como auxiliar de servicios, un empleo con la mayor carga de ambigüedad de todos los que conozco y de los más bajos de salario, y más en esta empresucha.
En la entrevista me dijeron ya el sueldo por hora, 4,38 euros, daba igual que fuera hora extraordinaria que festiva o nocturna. Pero, sorprendentemente, la legislación lo permite a pesar de gobenar un partido socialista. También me dijeron que había algunos servicios de doce horas y que hacer horas extra era voluntario… Yo no quería hacerlas y así lo manifesté.
Empecé de repente, me llamaron por el mediodía para trabajar a las tres como portero en un hotel de la cadena Princess, en Gran Canaria, así que fui corriendo a por la ropa y a mi lugar de trabajo, sin ninguna formación e instrucción previa, tan sólo que le preguntase al portero al que iba a relevar, pero éste tenía prisa y me dijo poco. Menos mal que ése puesto era el más sencillo de todos los que desempeñé y más acorde con mi categoría laboral. Lo malo es que no libré ningún día esa semana y me hice los siete días completos, con 16 horas extra. Me dijo la inspectora que no tenían gente suficiente. Pudo habérmelo dicho en la entrevista.
Luego vinieron servicios de doce horas, las 24 en dos turnos larguísimos, que resultaron ser las dos terceras partes de los que realizamos en SANSA, y no “algunos”. Tardaron dos semanas en hacerme firmar el contrato, y eso porque yo insistí, y fue indefinido con dos meses de prueba. Era la primera vez que me ponían en el nivel formativo “sin estudios” y me dijeron que eso no importaba. Me hicieron firmar que recibí formación en prevención de riesgos laborales y no me dieron ni un triste folleto, también que aceptaba hacer las horas extraordinarias que ellos quisieran y que tenía que desempeñar cualquier labor que la empresa cliente, los hoteles Princess, me asignaran.
Así que, cobrando mucho menos, hice labores propias de vigilante, de recepcionista, de camarero, y no me importa, pero ellos cobran más. No hay trabajo indigno, sino salario indigno. Y la bipedestación prolongada de once horas que me tocaba en algunos hoteles acabó casi con mis piernas y mi paciencia. Era más barato para mí quedarme en casa que seguir trabajando con ellos.
El día que me di de baja hubo otros más haciendo lo mismo. Es su política, explotar gente nueva durante uno o dos meses, que es lo que aguantan muchos y luego seguir con otros. La gente no dura en este trabajo en régimen de semiesclavitud.
Y lo peor, fui a quejarme a la Inspección de Trabajo de Las Palmas de Gran Canaria y en principio me hicieron caso, pero luego me llegó una carta en la que me mandaron a poner una demanda a un juzgado de lo Social, ¿Para gastar en abogados lo poco que gané?
En conclusión, para evitar esto debemos informarnos bien y pensarlo antes de aceptar este tipo de empleos, o sea, sólo si nos estamos muriendo de hambre o nos van a embargar. De lo contrario, cada vez se abaratará más la mano de obra mientras todo lo demás sube. Debemos valorarnos más.