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domingo, 30 de julio de 2017


MIS SUGERENCIAS PARA EL MODELO POLICIAL DEL SIGLO XXI


Este artículo lo escribí hace ya catorce años, pero visto lo visto todavía, sigue valiendo todo lo que dice para el momento actual.

     Hará algunos años, contemplé un programa de televisión en el que, en un plató decorado como una sala de justicia, se procesaba un tema problemático de la sociedad. En aquella ocasión, debido a la creación de las policías autonómicas vasca y catalana y al auge de las policías locales, se juzgaba si era bueno el excesivo número de cuerpos de policía para el ciudadano, poniendo como lamentable ejemplo un reportaje de una persona víctima de un delito en el límite fronterizo de una provincia y comunidad autónoma, a la que ningún agente policial hacía ningún caso, discutiendo unos con otros quién era competente para actuar. Evidentemente, a pesar de la tenaz labor del abogado que defendía la pluralidad de cuerpos policiales, el jurado acabó declarando culpable el excesivo número de ellos en España y, por tanto, perjudicial para la eficacia y la seguridad pública. En el programa, aunque no se decantó por qué número de cuerpos policiales sería el ideal, el juez concluyó que lo realmente importante es que ningún ciudadano quede desatendido cuando pide ayuda a la policía ni que anden mareándolo de una dependencia policial a otra a ver cuál es la que tiene competencia en su caso.

Estando en activo, yo mismo fui apercibido de sanción por mis superiores por la "descabellada ocurrencia" que tuve de comunicarme directamente por teléfono con el responsable de la policía autónoma vasca de un pueblo donostiarra, con ocasión de la necesidad de la rápida localización de un delincuente que acababa de cometer un robo en mi demarcación. O de la cantidad de personas que venían a la oficina de denuncias del puesto en que prestaba mis servicios enviadas por la policía local, sorprendidas porque otro cuerpo policial no era competente para instruir atestados ni por el delito más pequeño (Más impotentes debían sentirse algunos compañeros de azul al tener que decir a bastante gente que no podían atenderles). Incluso cuando tenían que detener a un delincuente por haberlo sorprendido "in fraganti" sólo podían confeccionar un informe para que la policía estatal lo adjuntara al atestado. Es más, el delincuente era trasladado de las dependencias de la policía local a la comisaría o puesto correspondiente, siendo en muchos casos devuelto de nuevo al calabozo municipal por la ausencia de ellos en muchos cuarteles.

Y hablando de terrorismo, ¿Cuántos casos conocemos, difundidos o no por los medios de comunicación, de descoordinación policial que han permitido la fuga de etarras? Demasiados para tratarse de delitos que son sólo competencia del Estado a través de sus dos cuerpos policiales, que en muchas ocasiones compiten entre ellos más que la obligada cooperación.

Pero estos ejemplos no fueron tenidos en cuenta por la subcomisión del Congreso de los Diputados que entre 1998 y 1999 se formó para el estudio del futuro modelo policial. Sus conclusiones hechas públicas a finales de ese último año, a pesar de contar con muy buenas propuestas por parte de casi todos los sindicatos policiales y nuestra asociación, fueron tremendamente decepcionantes. Aceptaban como válido el modelo establecido por la Ley Orgánica 2/1986, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, recomendando únicamente avanzar más en la necesaria – mejor dicho, obligada – coordinación policial, sin que hasta la fecha, más de tres años después, se haya materializado nada concreto, a pesar del visible y preocupante aumento de la delincuencia que pone de manifiesto el fracaso del actual sistema. El Gobierno del PP, muy en su línea conservadora, dispone un aumento de efectivos en el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, más que nada para cubrir el déficit de personal que arrastran desde hace años, antes que modificar ni una sola coma de la L.O. 2/1986, una norma con tantos defectos y lagunas en algunas materias que sorprende mucho cómo ha sobrevivido tantos años.

Además de lo anterior, observando la evolución de la delincuencia en esta última década, con un extraordinario aumento de la movilidad de los delincuentes y la proliferación de bandas organizadas que actúan tan pronto en Galicia como en Murcia, creo que el modelo policial del siglo XXI debe estar orientado a la máxima coordinación, entendiendo como máxima, al 100 %, y eso sólo se logra, a mi entender, de una sola forma: eliminando la pluralidad de cuerpos policiales, reduciéndolos al mínimo posible, y el mínimo posible es uno. Y como el delincuente ya hemos visto que actúa en cualquier tiempo y lugar sin fronteras autonómicas e incluso nacionales que le detengan, ese cuerpo debe ser estatal.

Al igual que las naciones disponen de unas únicas Fuerzas Armadas que les garanticen la seguridad contra amenazas exteriores, ¿Por qué no hacer lo mismo con la Policía? Puesto que su principal función es garantizar la seguridad de la población contra amenazas internas, nadie debe rasgarse las vestiduras si se propone un único cuerpo policial para todo el territorio nacional, unificando los ya existentes. Todas las administraciones públicas tienen claro el concepto de seguridad ciudadana, que es el mismo para el Presidente de la Comunidad Murciana que para el de Asturias, el procedimiento para instruir atestados e investigación de delitos es el mismo en toda España, incluso se confecciona de la misma manera una denuncia a la Ley de Pesca en Castilla-La Mancha que en La Rioja, tan sólo cambiando algunos conceptos formales. Con esto quiero decir que la labor policial es la misma en cualquier parte del país, lo único que varía es el color del uniforme del que realiza la labor. Lo malo es que todo funcionario policial depende de su propia organización y hasta ahora es ella la que decide que datos quiere o no compartir con otros cuerpos. ¿No es ideal que cada vez que un funcionario de policía introduce en su base de datos información sobre un hecho delictivo o detenidos, automáticamente ésta sea accesible a todos los demás y se facilite así la investigación? Pues eso es lo que realmente requiere el ciudadano de su policía: eficacia, y ésta se consigue solamente con la inmediatez de la información, la cual sólo es posible eliminando el principal obstáculo: la pluralidad de instituciones policiales.

Es cierto que hay determinadas funciones, como la vigilancia de edificios públicos autonómicos o municipales, o el velar por el cumplimiento de las órdenes y bandos de las comunidades autónomas y ayuntamientos, que parecen justificar una policía propia, pero en eso acertó la L.O. 2/1986 con las adscripciones de funcionarios policiales a las comunidades autónomas, siendo la primera Galicia. Pero, salvo los nacionalistas más extremos, ninguna administración debe preocuparse por no tener policía propia, porque si algo caracteriza a la Policía como institución es su disciplina y la obligación de hacer cumplir las leyes, ordenanzas o bandos, dimanen de quien dimanen. Todavía hay muchos municipios en los que la Guardia Civil hace de policía estatal, autonómica y local y el único problema que tienen con alcaldes o autoridades autonómicas cuando son requeridos por ellos es la escasez de personal.

Y con referencia a la escasez de personal, un único cuerpo policial dependiente del Estado garantizaría una mejor distribución de los efectivos, ya que, aunque pocas, hay zonas con superávit de policías, pero como pertenecen a distintas administraciones y con distintas competencias, no hay acuerdo ni amparo normativo que permita el trasvase a zonas desprotegidas. Tampoco se producirían los actuales agravios comparativos en las retribuciones que han provocado la desmoralización de los miembros de los cuerpos estatales al ver cómo policías con menos competencias ganan mucho más. Las únicas diferencias que se producirían serían en función del riesgo o la especialidad (explosivos, buceadores, operaciones especiales, antidisturbios, tráfico, protección de la naturaleza, antiterroristas, instituciones penitenciarias, policía judicial, etc.) y no de la administración de quién se dependa.
En conclusión, estos y otros problemas más que padece el caótico modelo policial español vigente quedarían solucionados con un único cuerpo de ámbito estatal, que a su vez estuviera fuertemente imbricado en similares de la Unión Europea, por la razón ya apuntada de que la delincuencia ya traspasa con facilidad las fronteras de los Estados miembros. La inseguridad ciudadana es un problema global que requiere una solución global y el policía, como servicio público, para ser más eficaz, debe estar al servicio del ciudadano, que es el destinatario de sus actuaciones, y no de los intereses territoriales o locales de ninguna administración pública. 




MANUEL AZAÑA Y LA GUARDIA CIVIL


INTRODUCCIÓN:

A primeros del presente año, la figura de D. Manuel Azaña volvió a ponerse de actualidad por la publicación, a finales de 1997, del libro DIARIOS, 1932-1933, "LOS CUADERNOS ROBADOS", tres cuadernos en los que escribía sus memorias día a día, robados en 1.937 en Ginebra (Suiza) y entregados al general Franco, permaneciendo ocultos sesenta años. Con ellos se completa la obra MEMORIAS POLÍTICAS Y DE GUERRA, que se publicó en dos tomos en 1.978, y constituye un documento histórico excepcional, en tanto que es parte de nuestra historia contemporánea narrada prácticamente en directo, al estar reflejada en forma de diarios, por uno de sus principales protagonistas.

De sus memorias, se deduce que Manuel Azaña Díaz fue un hombre adelantado a su tiempo. Un gobernante honesto, al servicio del pueblo, distinto de los demás políticos de su época, unos demasiado apegados a unas ideas utópicas, muy cercanas al marxismo, como los socialistas Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero y Fernando de los Ríos; otros querían gobernar por afán de poder, como Alejandro Lerroux, y otros por conservar los privilegios obtenidos en la época monárquica, como los derechistas Gil Robles y Calvo Sotelo. Las rivalidades entre partidos antagonistas, a veces con enfrentamientos, acabaron con su paciencia y le pusieron al borde de la dimisión en varias ocasiones, aunque no lo hizo porque era consciente de que su papel como árbitro y defensor de la república y la democracia era esencial para que éstas no desaparecieran, rotas en mil pedazos por las sinrazones y la intransigencia de  los demás.

Hombre muy inteligente, gran orador, elocuente, sincero, tolerante, amante de la democracia, prudente, sencillo y muy humano. Estas cualidades, como se puede comprobar, salvaron a la República del naufragio en muchas ocasiones, lo que le costó el odio de los monárquicos y de los militares, éstos últimos más por su acertada reforma del Ejército, que tenía exceso de mandos y poca eficacia. Tampoco era un político con ansia de poder, a diferencia de la mayoría de los de su época, pues estuvo a punto de dejarlo todo muchas veces, ya que la ardua tarea de gobernar España le robó tiempo para hacer lo que más le gustaba: escribir, pasear con sus amigos por la capital y recorrer la sierra madrileña con su familia. Fue, por tanto, un literato frustrado. Posiblemente, su triunfo como gobernante le privó del que podía haber obtenido como escritor.

Pero el tema que se trata ahora es las relaciones de Azaña y la Guardia Civil, y más que sus relaciones, sus opiniones, puesto que por los cargos que ocupó, indudablemente tuvo que conocer a esta Institución, y todo contacto que tuvo con ella quedó reflejado en sus diarios. En su lectura se encuentran datos desagradables y sorprendentes. En suma, que la andadura de la Guardia Civil durante la Segunda República Española no fue muy honrosa, quizás por culpa de los servicios prestados a los terratenientes durante el reinado de Alfonso XIII y la Dictadura de Primo de Rivera. Estos caciques rurales tenían bajo su tutela a todas las autoridades locales y por ende, gozaron de la protección de la Guardia Civil, que en muchas ocasiones parecieron más al servicio de los poderosos que del pueblo. Y esto no le hizo a la Benemérita comenzar con buen pie la etapa republicana, ya que gracias al sufragio universal, muchos que habían sido sus enemigos y sus perseguidos, lograron puestos importantes en los Ayuntamientos y hasta en las mismas Cortes españolas. Así, se perdió gran parte del prestigio ganado en el siglo anterior, en el que por su lucha contra el bandolerismo, constituyó el baluarte del orden y de la seguridad en el medio rural español.

Cronológicamente, se enumeran y analizan las diversas ocasiones en que Azaña se refiere a la Guardia Civil, teniendo en cuenta el cargo que ocupaba en cada etapa histórica. Y mucho de lo que aquí se verá, no consta en el libro "La Guardia Civil Española", editado por la Dirección General de la Guardia Civil. Hay que tener presente que en el siglo y medio de existencia del Instituto, evidentemente, no todos fueron momentos gloriosos ni siempre los culpables de los errores eran las clases de tropa. Ahí tenemos como ejemplo más reciente el escándalo del ex-Director General Luis Roldán Ibáñez.

MINISTRO DE LA GUERRA (14 de abril-13 de octubre de 1931)

El 4 de julio, anotó en su diario que el general Rodríguez del Barrio iba a revistar la guarnición de Málaga, exceptuando a la Guardia Civil, pese a las quejas del Gobernador Civil. Azaña pensó que era para evitar que el pueblo le hiciera demostraciones hostiles. El día 6 fue informado de que muchos telegramas cifrados se cursaban desde la Guardia Civil y que el general Sanjurjo (Director General del Cuerpo) recibió una invitación para participar en una conjura contra la República. El día 14, en Madrid, en la ceremonia de proclamación de las Cortes constituyentes republicanas, durante el desfile militar, la Guardia Civil fue recibida con una "silba estrepitosa, que no se consigue ahogar con aplausos" de otras personas. Al finalizar, varios amigos de Azaña, entre ellos el diputado por su partido, Acción Republicana, capitán de artillería Pedro Romero, le instaron a que disolviese en seguida la Guardia Civil. No hacía ni dos meses que se había ido el rey Alfonso XIII y se había proclamado la República, cuando se ve a la Institución rechazada por parte del pueblo, implicada en una supuesta conspiración y bajo la amenaza de disolución.

El 5 de agosto, transcribió en su diario una larga conversación con Sanjurjo, en la que éste le dio cuenta del estado del Parque de la Guardia Civil. Había abusos que si se investigaran, producirían un escándalo, y el Director General se sentía en parte responsable al no haber actuado en los dos años que llevaba al frente del Cuerpo. También le contó que había en el Parque una sala de máquinas con varios motores de 85 caballos cada uno, que podría dar luz a Chamartín, pero como la Guardia Civil no iba a dedicarse a eso, estaban parados, inservibles, pues toda la fuerza que el Parque necesitaba la proporcionaba un motor de 15 caballos. Sanjurjo culpaba al general Burguete, para justificar gastos o cobrar comisiones, del que afirmó no saber si era un buen general, pero era un general caro. ¿No tiene esto cierta similitud con hechos ocurridos durante la etapa de Luis Roldán?

Al final de la conversación, Sanjurjo opinó que al venir la República, debieron cambiarse los Puestos en muchos pueblos, porque los guardias veían de alcaldes a personas antes perseguidas por ellos (esto corrobora lo expuesto en la introducción).

El 18 de agosto de 1931, Miguel Maura, Ministro de la Gobernación, informó a Azaña de que la Guardia Civil de Navarra era toda carlista. Entre ambos decidieron también variarla. Toda una Comandancia desleal al Gobierno legítimo y además, fiel a un aspirante a la monarquía en contra de Alfonso XIII. Inconcebible.

El 7 de septiembre, más rumores de conjura. Un tal coronel Góngora, de Caballería, y con mala reputación, al parecer, invitó a Sanjurjo, que estaba indeciso, y creía contar también con apoyos en la Guardia Civil. Por lo visto, en todas las conspiraciones contra la República que se preparaban, a los responsables les era muy importante contar con la fuerza del Cuerpo.

El día 12, Azaña narró la conversación de Maura con Sanjurjo. El Ministro de la Gobernación le preguntó al general, sin rodeos, si él sería el hombre en torno a quien se agruparían los descontentos con la República para instaurar una nueva dictadura. Sanjurjo respondió que el no se sublevó nunca y era leal al régimen, y que no podría tener el Gobierno queja de la Guardia Civil en ese aspecto. Pero Maura advirtió vacilación en el general antes de responder. Después, Maura le dio cuenta al Ministro de la Guerra de la difícil situación de la Benemérita, mal pagada y que en ese momento debía obedecer a autoridades de los pueblos que antes perseguía durante el régimen monárquico. Como es lo mismo que Sanjurjo le dijo el día 5 de agosto, parece ser que a gran parte de la Guardia Civil le era muy duro tener que recibir órdenes de personas que antes eran delincuentes, pero delincuentes políticos, no comunes, perseguidos por sus ideas y no por sus actos. El día 15, Azaña tuvo noticia de que en algunos lugares, la Guardia Civil permanecía pasiva ante ciertos desmanes populares, sobre todo, los oficiales. (¿Alguna forma de protesta o es que no sabían como actuar?).

El día 21 de septiembre, Sanjurjo le comunicó a Azaña que a los generales de la Guardia Civil no les gustaban las divisas que se les han asignado. El Ministro de la Guerra le respondió que le tenía sin cuidado y que se pusieran lo que quisieran. Le indignaba que le hicieran perder el tiempo con "majaderías", que le cansaban y aburrían más que los problemas graves. Ciertamente, en los tiempos que corrían, con todos los asuntos importantes que debían preocupar al Cuerpo, parece bastante inoportuno ir hasta el Ministro a quejarse de una cosa así.

El 9 de octubre, durante una reunión en el Ateneo de Madrid (Instituto cultural), donde se congregaban los intelectuales de la época, incluido Azaña, que fue su secretario y luego su presidente, intervino en defensa del Cuerpo uno de sus miembros, un ex Guardia Civil "de aquellos que no se mezclan en política y se atienen al cumplimiento de su deber, etcétera, etcétera. Entonces muchos socios, casi todos, ¡aplaudieron a la Guardia Civil!. Y aplaudieron los extremistas. Los mismos que hace pocos meses, en otra junta, me pedían la disolución del instituto". Con estas palabras, Azaña reflejó los sentimientos contradictorios que despertaba el Instituto entre la sociedad española, algunos le odiaban fuertemente, otros a veces le querían y otras veces le vituperaban, y por último, también había gente que le apreciaba, pero por sus virtudes, sobre todo, la fidelidad en el cumplimiento del deber y su carácter apolítico, sin cuestionar nunca al Gobierno legítimo. Pero estas virtudes empezaron a fallar, como se ha visto y se verá más adelante.


PRESIDENTE DEL GOBIERNO Y MINISTRO DE LA GUERRA (14 de octubre de 1931-7 de septiembre de 1933).

Con la dimisión de Niceto Alcalá Zamora y de Miguel Maura como Ministro de la Gobernación, siendo sustituido por Santiago Casares Quiroga, Manuel Azaña fue nombrado Jefe del Gobierno provisional de la República, mientras las Cortes Constituyentes ultimaban la Constitución. Pocos días después, el 23 de octubre, el capitán Romero le advirtió de que esa noche se preparaba un golpe de Estado, a cargo de Lerroux y Sanjurjo. Azaña pidió informes y dio instrucciones a su primo, el general Benítez, que mandaba la brigada de Alcalá y a al coronel del 14 Tercio de la Guardia Civil Juncosa, amigo de la infancia. Al final, los rumores fueron infundados, y no se pudo demostrar implicación del Cuerpo en la trama. Como anécdota extraña, refleja en su diario que un diputado de Lugo, al parecer, amigo íntimo de Sanjurjo, le dijo al Ministro Casares que podía contar con los 28.000 hombres que le seguían, que no eran otros, que la Guardia Civil, y que respondía de la lealtad de Sanjurjo. Por lo que ocurrió el 10 de agosto de 1932, el señor Azpiazu se equivocó. También recibió la visita del coronel del 27 Tercio de la Guardia Civil que afirmaba que respondía con su cabeza de la lealtad de su fuerza y que antes se dejaría cortar la mano derecha que envainar la espada contra la República. Por fin, un Jefe de la Guardia Civil que no tenía duda alguna de su deber y que honraba al Cuerpo.

El 3 de diciembre, en una nueva entrevista con Sanjurjo para ofrecerle el cargo del Cuarto Militar del Presidente de la República, el general manifestó estar gustoso de abandonar la Dirección General de la Guardia Civil, que la Guardia Civil le tenía sin cuidado, él nunca había sido Guardia Civil, pero tampoco le gustaba el nuevo destino. Azaña, ante esas palabras, creyó que ya sería fácil destituirle como Director General del Cuerpo. En vista del "gran aprecio" que tenía Sanjurjo a la Benemérita, un cese fulminante habría sido lo más idóneo, pero Manuel Azaña siempre extremaba la prudencia, examinando los pros y los contras, antes de tomar una decisión. Pero si los miembros de la Guardia Civil de aquellos tiempos hubieran escuchado las palabras de Sanjurjo, la escasa moral que aún les quedaba, la hubieran perdido completamente.

El 11 de diciembre, con motivo de la toma de posesión del Presidente de la República, D. Niceto Alcalá Zamora, desfile militar ante el Palacio de Oriente, y en esta ocasión, Azaña anotó que esta vez eran muchos más los aplausos que los pitos, cuando pasó la Guardia Civil. Algo había mejorado.

El 1 de enero de 1932, Casares le comunicó la desagradable noticia del horrible asesinato de cuatro guardias civiles en Castilblanco (Badajoz), a manos del pueblo. Las consecuencias, sospechaba Azaña, iban a ser graves, y quedaba frustrada, de momento, la destitución de Sanjurjo.

En el Consejo de Ministros del 5 de enero, se discutió largamente sobre la Guardia Civil, a consecuencia del suceso de Castilblanco, tras discutir si se fusilaba o no a los culpables. Muchos, sobre todo los obreros, odiaban al Cuerpo, y otros muchos le adoraban, al considerarla única sustentadora del orden social. Y ambas partes, con pasión. Sus enemigos, sobre todo los extremistas republicanos revolucionarios, se quejaban de que era una amenaza para la República y debía ser disuelta o, al menos, reformada, haciendo campaña contra ella y contra Sanjurjo, "sin percatarse del daño que hacen". Sus amigos, monárquicos y partidarios de la dictadura, querían exaltarla, presentándola como despreciada por la República, indefensa y expuesta a ser suprimida para fomentar el descontento y así conseguir que se sublevara contra el Gobierno.

"La Guardia Civil ha sido siempre dura, y lo que es peor, irresponsable.", escribía Azaña. El pueblo, refiriéndose a su impunidad, decía "con un papel, paga". "La Guardia Civil ha servido mucho y bien a la antigua política y sus caciques - la emplearon en asuntos electorales y en cuestiones sociales, aumentaron no sólo su número, sino la frecuencia y la amplitud de sus intervenciones-. En los pueblos pequeños, el jefe del Puesto es un reyezuelo. Y las vejaciones personales son incontables. Todo esto siembra el odio. También lo siembra el mismo uso injustificado de la fuerza, porque los perseguidos no se paran a considerar si se les persigue con razón. Como todo instrumento de fuerza y de represión, no es simpático entre los desgraciados". Estas palabras, que coinciden con lo expuesto al principio de este artículo, fueron pronunciadas por el Presidente del Gobierno de España. Huelgan más comentarios.

"Ahora, desde que ha venido la República, la situación de la Guardia Civil en los pueblos es más crítica, porque son alcaldes y concejales muchos que solían ser las víctimas y los perseguidos habituales de la Guardia Civil, que no se aviene con las nuevas autoridades; también las nuevas autoridades en los pueblos ponen de su parte algo para que la buena armonía se destruya". Palabras parecidas fueron pronunciadas por Sanjurjo y Maura anteriormente, aunque Azaña reconocía que no sólo era culpa de la Guardia Civil. El socialista Francisco Largo Caballero, Ministro de Trabajo, le contó que durante la Dictadura de Primo de Rivera la Guardia Civil se comportó rectamente con los obreros y campesinos y no maltrató a nadie, como solía hacer en tiempo anterior. El motivo fue que unos campesinos de un pueblo de Extremadura, maltratados por los guardias, fueron a Madrid a quejarse y Largo Caballero escribió al general Nouvilas, secretario del Directorio Militar, y éste, tras comprobar los hechos, dio órdenes para que no se repitieran más. Pero, "según el Ministro de Trabajo, desde la llegada de la República, la Guardia Civil ha vuelto a ser brutal. Excesos de autoridad si ha cometido, pero no hay noticia de que haya atormentado a nadie", escribió en su diario y, como se ha podido leer antes y ahora, Azaña no se dejaba llevar por los extremismos.

Aunque también había socialistas que no eran enemigos de la Benemérita, sino todo lo contrario, Julián Besteiro, Presidente de las Cortes de la República dijo: "La Guardia Civil es una máquina admirable. No hay que suprimirla, sino hacer que funcione a favor nuestro". Estas mismas palabras sí se citan en el libro "La Guardia Civil española", puesto que, en verdad, eran muy elogiosas, siempre que no se olvide que esa máquina está compuesta por personas.

Al hablar de Sanjurjo en el Consejo, "a quien los de un bando y de otro se empeñan en convertir en un personaje temible", narró que el general fue a Castilblanco e hizo declaraciones indiscretas e imprudentes sobre la propaganda socialista, acusando a la diputada socialista por Badajoz, Margarita Nelken, y que se debía justicia a la Guardia Civil. Ni siquiera acudió a Badajoz a recibir al Ministro de la Gobernación para asistir al entierro de los guardias. Esto exigía su destitución inmediata, pero Azaña, prudente una vez más, prefirió esperar a que la tormenta se calmase. A lo largo de la historia de la Guardia Civil, se han repetido casos en que los dirigentes del Cuerpo sólo se han preocupado de los guardias cuando morían, pues el mismo Sanjurjo, tan sólo un mes antes, había manifestado al Presidente del Gobierno que la Guardia Civil le tenía sin cuidado. 

Como era de esperar, "para calmar los ánimos", dijo con ironía, las desafortunadas declaraciones de Sanjurjo fueron respondidas por los socialistas y extremistas, que justificaban el asesinato de los guardias con la "historia negra" de la Guardia Civil. Margarita Nelken declaró: "¡Quién sabe lo que había pasado antes del suceso!". Se Sospecha que con la "historia negra" de la Guardia Civil se referían a los tiempos en que el Cuerpo no era más que un instrumento que los poderosos utilizaban en su beneficio y contra el pueblo, como dijo anteriormente el propio Manuel Azaña.

Una vez terminado el Consejo y al dirigirse a su despacho, entró inmediatamente Casares y le contó que en Arnedo (La Rioja), la Guardia Civil se enfrentó con el pueblo y mató a 6 u 8 personas. "Esto es lo que nos faltaba", anotó Azaña.

El 6 de enero, Azaña reflejó en su diario la furia de los republicanos y socialistas contra la Guardia Civil por lo de Arnedo. No sabía si el hecho fue debido a la incapacidad de las autoridades locales, a que los Guardias temieron que les iba a ocurrir lo mismo que en Castilblanco (aunque eran 28) o que hubieran querido vengarse o dar un escarmiento por lo ocurrido en el pueblo pacense. "Ahora los enemigos de la Guardia Civil tienen un argumento impresionante".

Tras ser informado por Casares Quiroga de lo que se comentaba sobre la Guardia Civil y su Director General, Azaña decidió que había llegado el momento de reformar el Cuerpo y su reglamento, cosa que ya quiso hacer meses antes a la vez que el Ejército, pero Maura no le ayudó cuando era Ministro de la Gobernación. La idea de Azaña era "descabezar" la Institución, suprimiendo la Dirección General para que una fuerza tan importante no estuviera en manos de una sola persona, y suprimir algunas Unidades por exceso de mandos, al igual que en las Fuerzas Armadas. Pero Maura se opuso, y como era Ministro de la Gobernación, y la Guardia Civil tenía doble dependencia de ese Ministerio y del de la Guerra, Azaña no podía hacer nada sin contar con él. Maura creía que la reforma proyectada por el Ministro de la Guerra iba a disminuir mucho la fuerza, negándose a ella porque "estaba entusiasmado por los servicios que le prestaba". Finalmente, el proyecto quedó aplazado "sine die", aunque Azaña lo dejó en su mesa del Ministerio, sin deshacerse de él.

El 8 de enero, escribió sobre Sanjurjo, quien se hallaba en una situación muy "delicada", por sus recientes declaraciones a la prensa y porque la Guardia Civil, que se sentía maltratada, podría querer utilizar a su Director para "tomar un desquite". Esto lo sabía Azaña, porque estaba informado de que esa idea la tenían presente los Jefes destinados en la Dirección General. Sobre su relevo, al ser las circunstancias distintas a las de hace poco más de un mes, sabía que se sentiría lastimado y además no querría dejar la Guardia Civil cuando más era atacada. Pero Azaña estaba ya decidido "hay que quitar a Sanjurjo de donde está". Recibió en su despacho al general, preguntándole primero sobre cómo estaba el ánimo en el Cuerpo, y el respondió que por un momento temió que la Guardia Civil "saltase por encima de él", pero que ya estaba todo bien, restablecido el orden y la disciplina. Azaña le recordó que su obligación era hacerse obedecer siempre y "a todo evento", para atajar posibles sublevaciones del Cuerpo. Sanjurjo, tras  su viaje a Badajoz, le dio cuenta de que en muchos Ayuntamientos socialistas se habían metido "indeseables" que fomentaban el desorden, atemorizaban a los propietarios y causaban daños en las propiedades, motivos por los que tenían que chocar, necesariamente, con la Guardia Civil y creía, además, en la existencia de un plan para exterminar los pequeños Puestos.

El 11 de enero, Azaña escribió que "la cuestión de la Guardia Civil viene pasando estos días por su período inflamatorio". Se temía y esperaba, un golpe del Cuerpo contra la República, o contra el Gobierno. "Se han hecho manifestaciones de simpatía a la Guardia Civil en la Dirección General, y esta oficina es un centro de intrigas. Indudablemente, en la Guardia Civil, hay algunos jefes que aborrecen el sistema actual y que se van de la lengua profiriendo amenazas" (al parecer, la Dirección General no sólo ha sido "centro de intrigas" durante el mandato de Roldán). También recibió informes sobre una supuesta sublevación de la Guardia Civil de Madrid para echar del Gobierno a él y a los socialistas, y que de la Dirección General enviaron pliegos a las Comandancias a recoger firmas de todos los jefes y oficiales, solidarizándose con Sanjurjo. Incluso, sabía que algunos oficiales hacían propaganda entre los guardias, diciéndoles que el Gobierno se proponía disolver el Cuerpo. También supo que el hijo de Sanjurjo, capitán de Infantería, muy influyente sobre su padre, despotricaba contra él en la Dirección General, diciendo si era Azaña lo bastante hombre para destituir a su padre. Su propio hijo y algunos jefes del Cuerpo instigaban a Sanjurjo para que hiciera una barbaridad, pero éste se resistía. Quizá Sanjurjo consideraba que aún no había llegado el momento oportuno.

"En esta situación yo permanezco como un cazador, en un silencio y una inmovilidad absolutos; pero con cien ojos". Algunos le aconsejaban que los aplastase de un golpe, pero Azaña, prudente como se describía a sí mismo al principio de este párrafo, creía que sería un escándalo para la República, y sólo lo haría en caso de "peligro inminente". "Para la autoridad del régimen, tanto daría que la Guardia Civil se insubordinase como que tuviera que sitiarla y desarmarla por la fuerza". Quería evitar un espectáculo como ése, aunque tomó sus precauciones sondeando a los jefes militares de la guarnición de Madrid por si estarían dispuestos a enfrentarse a la Guardia Civil en caso necesario, averiguando que ellos harían lo que les mandase el Gobierno, tan sólo encontrando vacilación en el jefe de aviación de Getafe.

El 18 de enero, nueva entrevista con Sanjurjo a propósito de la "metedura de pata" de un comandante de la Guardia Civil en Valladolid (se ignora en que consistió el hecho), y le dijo: "Alrededor de usted se está haciendo una campaña, sin culpa de usted, que le coloca en una situación difícil". El general afirmó que no hacía caso a los que querían valerse de su nombre, principalmente por no deshonrar al Cuerpo, siempre leal desde que se creó: "Si yo tuviese ganas de hacer algo, antes lo haría con un regimiento que con la Guardia Civil, ya que sí la Guardia Civil hiciese algo y triunfase, el que viniera detrás ya no se fiaría de ella, y la suprimiría". Tenía razón, pues Franco, al finalizar la guerra civil, quiso disolver el Cuerpo, aunque fue disuadido de ello por Alonso Vega. Azaña le recordó que su deber no era desoír a los tentadores, sino acallarlos.

"Y añado que si, en una hipótesis desgraciada, se produjese un movimiento que arrollara al propio general, las consecuencias serían terribles, porque al día siguiente muchos Puestos de la Guardia Civil serían exterminados por esos pueblos, multiplicándose el caso de Castilblanco. (Y ésta es una de las razones, quizá la demás peso, que tengo para no tomar una iniciativa violenta contra la Guardia Civil; en cuanto en los pueblos se enterasen de que el Gobierno la perseguía o la castigaba, se revolverían contra ella, de un modo sangriento)". Esta es la transcripción literal del pensamiento del Presidente del Gobierno de la República, donde revela la razón fundamental para no disolver la Benemérita, razón que vuelve a poner de manifiesto su prudencia y bondad. Se podría interpretar con una paradoja: el odio exacerbado hacia la Guardia Civil la salvó de la disolución. Si los vecinos de los pueblos no sintieran tanta animadversión hacia el Cuerpo, Azaña habría podido tomar una decisión sin correr riesgos, puesto que nadie habría levantado un dedo contra los guardias cuando empezasen a desalojar los Puestos, más bien, en algunas localidades, habría sucedido lo contrario, como ha ocurrido recientemente, en que la Dirección General ha retirado el plan de cierre de cuarteles por la oposición de los pueblos, aunque las circunstancias son bien distintas a las de 1932. No obstante, entre los planes de Azaña, no figuraba la supresión de la Guardia Civil, sino su reforma y, en todo caso, la sustitución por algún Cuerpo similar, pues no iba a quedar desprotegido y abandonado a su suerte el medio rural español. Desgraciadamente, en ningún pasaje de sus diarios dejó escrito nada referente a ello, aparte de la conversación con Maura y las decisiones tomadas tras el golpe de Estado de Sanjurjo el 10 de agosto de 1932.

No obstante, Azaña tenía entre sus informadores de confianza a miembros del Instituto. Entre ellos, un capitán que recorrió las unidades de la Guardia Civil, que concluyó con un "no pasa nada". Sin embargo, en la Dirección General hubo una reunión de Jefes del Cuerpo, presidida por el Subdirector General, el general Benito Pardo, planteándose qué debían hacer, si estaban con o contra el Gobierno. Uno de los presentes le dijo que le correspondía al general pronunciar la palabra decisiva, y éste dijo: "Siempre con el gobierno". Y todos siguieron su opinión. Grave error el de los mandos de la Guardia Civil de esa época, pues va totalmente en contra de la tradición e historia del Cuerpo cuestionar al gobierno legítimo. Un episodio vergonzoso, porque aunque la decisión tomada fue la correcta, nunca debió celebrarse tal reunión.

El 1 de febrero, una vez que se calmaron algo los ánimos, Azaña decretó el traslado de Sanjurjo a la Dirección General de Carabineros, siendo sustituido por el general Cabanellas. A pesar de ello, Sanjurjo le advirtió que el cambio sentaría mal en la Guardia Civil, sin darle más detalles. El 4 de febrero, Cabanellas tomó posesión de la Dirección General de la Guardia Civil.

El 12 de febrero Azaña escribía, quizás con alivio, que no había ocurrido nada por la destitución de Sanjurjo, pese a que un coronel del Cuerpo fue a las unidades "con no sé qué propósito, pero no le hicieron caso". Sólo en el Parque de Automóviles, algunos oficiales protestaron en voz alta. Cabanellas destituyó a dos coroneles de Madrid y a varios oficiales de la Dirección General. "pero no sería extraño que dentro de algún tiempo, tuviésemos una cuestión Cabanellas", decía Azaña, temiendo que aún no se habían acabado los problemas en la Guardia Civil.

En la madrugada del 10 de agosto de 1932, cuando se produjo la sublevación frustrada de Sanjurjo en Madrid y Sevilla, que Azaña relató profusamente en su diario, se ve un episodio heroico protagonizado por la Guardia Civil contra los rebeldes. Nada menos que un pequeño retén de guardias desarmó a 40 ó 50 oficiales uniformados que intentaron apoderarse la Casa de Correos. Como consecuencia de ello, el 12 de agosto, encargó al Subsecretario de la Presidencia que redactase los decretos suprimiendo la Dirección General de Carabineros y disolviendo el 4º Tercio de la Guardia Civil (Sevilla).

El 15 de agosto recibió a Cabanellas, que se hallaba en situación difícil, al parecer, por no cumplir la orden del Ministro de la Gobernación de desarmar a la Guardia Civil de Sevilla, que tuvo que realizarla el Gobernador Civil. Se justificó diciendo que a él no le comunicaron esa orden, pero insistió en su cese, aceptado de inmediato por el Presidente del Gobierno, porque tenía intención de suprimir ya la Dirección General de la Guardia Civil, "especie de castillo roquero independiente, con el que nadie se ha atrevido hasta ahora", y crear la Inspección General de la Guardia Civil, dependiente en todo momento del Ministerio de la Gobernación, nombrando para el cargo al general Bedia. Ese mismo día recibió una carta del comandante de la Guardia Civil Albert, dándole cuenta de los insultos que el Subdirector General del Cuerpo le dirigía cada vez que tenía que entrevistarse con él. "¡Ya, ya! ¡Buenos están todos!, exclamó Azaña en su diario. Una actitud bastante hipócrita la del general Pardo, después de lo que dijo en la reunión con los Jefes del Cuerpo.

El día 19, en Consejo de Ministros, se aprobó el decreto de supresión de la Dirección General y el nombramiento de Bedia como inspector general, un hombre físicamente poco agraciado, el cual manifestó: "Con esta pinta que tengo, creerán que carezco de dotes de mando". Azaña, al enterarse de esas palabras, escribió: "Buena falta van a hacerle. Los caciques y mangoneadores de la Guardia Civil están espantados con la supresión de la Dirección General. Nunca lo hubieran creído". Esta frase también es muy importante, para que se sepa que la etapa de Luis Roldán no ha sido el único caso de corrupción ni de "mangoneo" en la historia de la Guardia Civil.

El 27 de agosto tuvo que ayudar al Ministro de Gobernación con el traspaso de servicios de la suprimida Dirección General de la Guardia Civil. Los Jefes del Cuerpo pretendían implantar en Gobernación el mismo organismo que habían tenido antes. Azaña lo impidió y redactó él mismo el decreto orgánico de la Inspección General, jubilando a muchos y reformando las plantillas.

El 29 de agosto, cinco coroneles de la Guardia Civil de Madrid visitaron al Presidente de la República, D. Niceto Alcalá Zamora, para expresar su lealtad y lamentar lo sucedido en Sevilla con el 4º Tercio. Uno de ellos empezó a hablar mal de Sanjurjo, resultando ser el del 27 Tercio que, según dijo Sanjurjo en prisión, cobró 60.000 ptas. por unirse a la sublevación, y no lo hizo. Pero no se pudo probar su complicidad, ya que ante el juez, Sanjurjo guardaría silencio sobre ello.

El 1 de marzo de 1933, Sanjurjo, preso en El Dueso, manifestó que el motivo de su rebelión fue el haberle destituido como Director General del Cuerpo. Parece increíble que declarara esto quien en diciembre de 1931 dijo que la Guardia Civil le tenía sin cuidado.

El 16 de abril, durante el desfile militar en el Paseo de la Castellana de Madrid, con motivo del 2º aniversario de la República, Azaña anotó en su diario que la Guardia Civil, a su paso, recibió aplausos. "Recuerdo el mal rato que pasamos el día de apertura de Cortes, cuando la silbaron copiosamente. La mañana de hoy ha pasado toda en clamores". Se sentía satisfecho de que el Cuerpo, poco a poco, recuperara la popularidad perdida, siendo un factor importante el no haberse sumado al pronunciamiento de su ex Director General el año anterior, es decir, ser leal al Gobierno, así como a su historia.

El 30 de abril, anotó la observación de que sobre el general Cabanellas "corren rumorcillos sospechosos", quizás por que no le sentó bien su destitución al frente de la Guardia Civil. "Por lo visto, ese cargo, cuando existía, y la destitución consiguiente, llevaban en sí algo de fatídico", en clara alusión a Sanjurjo. La reforma que hizo dio sus frutos y la Institución no volvió a crear problemas a la República hasta la guerra civil. El 8 de septiembre, el Presidente de la República le retiró su confianza por segunda vez, dejando el Gobierno. Pasó a ser diputado de la oposición, interrumpiendo la confección de sus diarios hasta que volvió al poder tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936.


PRESIDENTE DEL GOBIERNO (19 de febrero-10 de mayo de 1936).

El 19 de febrero de 1936, el día en que se iba a hacer cargo del Gobierno, conoció la noticia de una posible sublevación militar en la que podrían estar implicados los generales Franco y Goded, para impedir la toma del poder por el Frente Popular, que resultó ser falsa. La tarde del día 18, el general Pozas, Inspector general de la Guardia Civil, había informado que Franco, Jefe del Estado Mayor Central, y prácticamente del Ministerio de la Guerra, por ineptitud del Ministro, le había enviado un emisario (el propio yerno de Pozas) invitándole a sumarse, con la Guardia Civil, a dicha rebelión por el bien de la nación. La respuesta, como no podía ser de otra manera fue de repulsa terminante. La Benemérita, leal al gobierno elegido en las urnas, le falló en esta ocasión a Franco y hubo de desistir del complot. El resultado final, al conocer el nuevo Jefe de Gobierno, Azaña, la conjura, fue el destino del futuro dictador a las Islas Canarias y de Goded a las Baleares. Por lo que ocurriría pocos meses después, el castigo no fue suficiente.


PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA (11 de mayo de 1936-27 de febrero de 1939).

El 20 de mayo de 1937, Azaña, recordando hechos pasados en su residencia de La Pobleta (Valencia), anota que el Coronel de la Guardia Civil Escobar decidió la victoria republicana contra los sublevados en Barcelona el 19 de julio del año anterior, al ponerse con todas las fuerzas del Cuerpo disponibles a las órdenes de la Generalitat, y luego fue un héroe del bando gubernamental, en los frentes de Madrid y Talavera, siendo herido en combate. La sinceridad que caracteriza al Presidente queda reflejada al reconocer tanto los hechos heroicos como desafortunados protagonizados por nuestra Institución o sus miembros.


CONCLUSIÓN

Hay un dicho: "El pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla". Trasladado a la Guardia Civil, cambiando la palabra "pueblo" por "institución", el caso Roldán ocurrió por no haber tenido en cuenta eso. Nuestro Cuerpo no ha sido un modelo de perfección en su más de siglo y medio de existencia, simplemente, porque siempre ha estado compuesto por seres humanos, por personas que se movían por heroísmo, otras por codicia y otras por tener un trabajo digno para mantener a su familia. La historia oficial del Cuerpo minimiza los errores y magnifica las hazañas, de forma que apenas se encuentran aquéllos, y hace creer que han sido 154 años de sacrificio en cumplimiento del deber y al servicio del pueblo. No siempre fue así, hubo altibajos, hubo corrupción, hubo excesos. Todas las Instituciones, por estar formadas por personas, no han sido siempre perfectas. Tal vez una Asociación como la nuestra hubiera venido muy bien a Manuel Azaña, que conoció bien las interioridades del Cuerpo. Gracias a ello se han sabido estas cosas, algunas sorprendentes, otras desagradables, pero ocurrieron, aunque a algunos no les gusten.

Sin embargo, tras volver a bajar la popularidad del Cuerpo durante los cuarenta años del franquismo, en tan sólo veinte de democracia, ha subido tanto que, según las encuestas, es la Institución más valorada tras la Corona. El motivo es que ha vuelto ser fiel a su historia, pues, problemas internos aparte, es leal al Gobierno y está al servicio del pueblo, que para eso se fundó. Aunque las recientes declaraciones del actual Director General, D. Santiago López Valdivielso, situando al Cuerpo al margen de la democracia, hicieron recordar a muchos la actuación de la Guardia Civil el 23 de febrero de 1981, menos mal que el pueblo no las ha tomado en serio y sigue confiando en la Institución. Pero no se pueden soslayar los problemas a los que se enfrenta en un futuro próximo; debe mejorar para seguir siendo altamente valorada por los españoles, sobre todo, hacerla más humana y cercana al pueblo, puesto que formamos parte de él.



BIBLIOGRAFÍA:

MEMORIAS POLÍTICAS Y DE GUERRA, I Y II. Manuel Azaña. Crítica. Editorial Grijalbo. Barcelona, 1978.
DIARIOS, 1932-1933, "LOS CUADERNOS ROBADOS". Manuel Azaña. Crítica. Editorial Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1997.

sábado, 20 de febrero de 2016

YA ESTÁ DISPONIBLE "LA VERDADERA CARA DE LA GUARDIA CIVIL" EN E-BOOK

Por fin, tras transcurrir el tiempo establecido, mi libro "La verdadera cara de la Guardia Civil", ya se puede adquirir por tres euros en la web bubok.es, en e-book, formato pdf. Tras ser boicoteado en la gran mayoría de las librerías que intentaron venderlo, sigue de actualidad pese el tiempo transcurrido desde su publicación por la editorial Trymar en 2002. Catorce años después, apenas han cambiado algunas cosas, pero todas ellas gracias a los titánicos esfuerzos de la AUGC. Recomendable para todo aquél que desea ingresar en algún  cuerpo de seguridad español y aún no se ha decidido.

viernes, 4 de mayo de 2012

CONSEJOS AL GOBIERNO PARA REDUCIR EL DÉFICIT PÚBLICO


Hemos visto últimamente cómo el Gobierno se esfuerza en redudir el déficit público concentrándose casi exclusivamente en la reducción (recortes) de gastos y no en el incremento de los ingresos. Bien, pues desde aquí, basándome en experiencia personal - y habrá muchos de acuerdo en que ocurre esto -, le doy a gratuitamente un consejo muy importante para incrementar los ingresos a través de la vía de la recaudación de multas de tráfico.

Sí, lo sé, parece una obviedad y una medida muy impopular, pero no me refiero a aumentar las multas por la ORA o por estacionamientos incorrectos o incluso por el uso del radar en rectas de autovías sin peligrosidad. No. Me refiero a dedicarse a aplicar con justicia el Reglamento de Tráfico en conductas que todos, o la gran mayoría de nosotros, consideramos claramente merecedoras de sanción, incluso de retirada del permiso de conducción.

Y con ello estoy hablando, por ejemplo, de la gran cantidad de conductores que usan el teléfono móvil al volante. Un porcentaje de dos de cada diez lo hacen, y muchos con descaro. Y una de las cosas en que me doy cuenta antes de verlos con el "aparatito" en la oreja es cuando veo que el vehículo en el que van hace cosas raras, como detenerse donde no debe o girar sin indicadores de dirección, cuando no circulan a velocidad anormalmente reducida, siendo un estorbo o un incordio para la mayoría. Y si les llamo la atención, me ignoran o me insultan gestualmente. Lo que no harían si les sorprendiese un patrulla policial, evidentemente. Allí hay un filón para recaudar muchos, muchos miles de euros, a la vez que ayudan a retirar un peligro para la circulación de los demás conductores responsables.

Luego están los que ignoran para qué sirven los indicadores de dirección, o sea, los intermitentes. Giran y giran donde les dá la gana o, lo que es peor, se detienen, sin jamás avisar a los que van detrás, con lo que entorpecen gravemente la circulación o incluso provocan accidentes de colisiones por alcance. No puedo entenderlo, si no cuesta nada accionarlos. Pero como se creen que van solos por el mundo no les interesa ni les importa advertir a nadie de lo que van a hacer. Y un porcentaje cercano a la mitad no los usa en ocasiones, habiendo seguramente entre un diez y un veinte por ciento que no los usan nunca o sólo cuando se acuerdan. Otros miles de euros se pueden recaudar por aquí.

Los que no respetan, por costumbre, los pasos de peatones. No incluyo aquí a los conductores a los que les sorprende el peatón que cruza antes de que puedan detenerse en condiciones, sino a los que ignoran deliberadamente esas "molestas" rayas aunque estén elevadas por un badén.

Y cuántas veces nuestros oídos han sido agredidos por los continuos toques del claxon de algún pobre incauto cuyo vehículo ha quedado encerrado por otro que está en doble fila y su conductor está "desaparecido". Es que incluso conculcan el derecho a la libre circulación. También es una gran fuente de ingresos para el Estado multar y retirar todos aquellos vehículos en doble, incluso en triple fila, cuyo conductor se ha ausentado y se ha desentendido del mismo. No me refiero a aquéllos en los que un motivo importante les obliga a hacerlo, estando pendientes del vehículo y siempre y cuando no obstaculicen la circulación en una vía principal.

Y el uso del radar, por supuesto, pero no en rectas de autopistas y autovías en los que raramente se produciría un accidente a no ser que se superen con mucho los límites establecidos, sino en las vías urbanas sobre todo. Últimamente, las autoridades se han dedicado a colocar badenes y bandas sonoras que fastidian a todos los conductores, tanto los buenos como los malos, pagando justos por pecadores. Con unos radares con buena cámara fotográfica, como los que el Ayuntamiento de Madrid colocó para sancionar a los vehículos que entraran en zonas restringidas del centro, se recaudarían a lo mejor millones de euros, porque a muchos les encanta pisar el acelerador y da igual que sea una autovía o la proximidad de un paso de peatones en una zona escolar o urbanización residencial. Como ejemplo de lo que se podría recaudar a diario, la autovía de Extremadura, la A-5, desde que sale del túnel bajo el río Manzanares hasta Cuatro Vientos, unos cuantos kilómetros, está limitada a 70 km./h. Y la principal razón es por reducir el ruido del tráfico para que afecte lo menos posible a los edificios residenciales colindantes. No por fastidiar al conductor. Pues yo soy de los pocos, muy pocos, que respetan ese límite... ¿A que esperan las autoridades de Tráfico? Eso es un filón de oro. Y habrá más lugares así en todas las ciudades españolas.

Y una de las pocas cosas que habría que modificar en cuanto a los efectivos policiales necesarios sería emplear más vehículos camuflados, aunque yendo de uniforme, tal y como viene haciendo en ocasiones desde hace años la Guardia Civil de Tráfico. No hace falta incrementar plantilla. Algunos radares más, porque la mayoría están apagados o mal colocados y ya está. En suma, pocos gastos y muchos ingresos. 

Como colofón hago hincapié en que solamente se trata de sancionar las conductas que realmente son un peligro o una molestia grave para los demás conductores, como estas y otras que no he incluído por ser más obvias como circular bajos los efectos del alcohol o drogas, o de forma temeraria. No olvidemos que un vehículo a motor es una máquina de matar. Esto es mucho mejor que seguir recortando en educación, sanidad, prestaciones sociales... Los conductores antisociales deben pagar por su desprecio a la sociedad en la que viven. Incomprensiblemente, muchos de ellos, sobre todo si son famosos, reciben luego afecto o comprensión por parte de una importante mayoría de personas, que no tienen en cuenta el daño que hacen, pero este es un tema diferente para otra entrada.

¿A qué espera, señor Rajoy?

martes, 2 de agosto de 2011

POR FAVOR, DEJEN YA DE VALORARNOS TANTO

CARTA ABIERTA A LOS ESPAÑOLES, ESPECIALMENTE A LOS QUE CONTESTAN LAS ENCUESTAS DEL C.I.S.


Hace poco me enteré de los resultados de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, sobre valoración de las instituciones, que volvió a aupar a la Guardia Civil al primer lugar, superando a la Corona, al Cuerpo Nacional de Policía, al Parlamento, al propio Gobierno, a las Fuerzas Armadas, a los jueces, etc.

Y posteriormente, sin dar tiempo a ningún recurso de última hora, la justicia militar ordenó el ingreso inmediato en la prisión de Alcalá de Henares de los agentes que estaban pendientes de un milagro que les evitara sufrir un castigo tan absurdo como desproporcionado por conductas que, en otros cuerpos policiales, no hubieran sido ni siquiera sancionadas o, al menos, por infracciones administrativas leves. Y, en el caso de la agente de Segovia, una madre de dos hijos, cuando ya había cumplido una elevada sanción disciplinaria de siete días. ¿No dicen las leyes que nadie puede ser condenado o sancionado dos veces por el mismo hecho?

Yo veo una relación entre ambas noticias que me inquieta. Las encuestas, desgraciadamente, cada uno las interpreta como conviene a sus intereses. En este caso, el Gobierno ha interpretado la estima que la Guardia Civil merece a los españoles como un respaldo a su política ultraconservadora que viene ejerciendo con respecto al Cuerpo en los últimos años: más militarización, más rigor disciplinario y, por supuesto, nada de unificación con el Cuerpo Nacional de Policía, como reclaman los sindicatos, la asociación AUGC, que tiene más de 30.000 agentes afiliados, y el 95 % de los miembros de su propia Escala Básica. Por tanto, la justicia militar, sintiéndose amparada por lo que cree que exige la sociedad, ha actuado imponiendo el castigo ejemplar que ha considerado oportuno, aún en contra del sentido común, de sus propios servicios de salud mental y de los derechos humanos más elementales.

Pero quiero creer que lo que los españoles han valorado, con muy buena intención, es cómo los guardias civiles se esfuerzan día a día por ofrecer el mejor servicio al ciudadano a pesar de sus bajos salarios, la penuria de medios y personal en muchas unidades, el acoso de sus propios mandos y el excesivo número de horas de servicio. Otra institución con problemas menos graves se hubiera venido abajo hace ya tiempo. A todos los que nos valoraron pensando así se lo agradezco sinceramente, pero el Gobierno no lo ha visto de ese modo, y por eso quiero pedirles un gran favor: Que en la próxima encuesta nos valoren en último lugar. Sí, han leído bien, en el último lugar de la lista.

Se preguntarán por qué les pido eso. Es obvio que si el primer puesto ha servido para que el inmovilismo continúe asentado en el Cuerpo y se sigan cometiendo barbaridades propias de la dictadura, lo más lógico ahora para evitarlo es mandarnos al vagón de cola. Que los gobernantes vean que el pueblo no está contento con la Benemérita y se decida a introducir las deseadas reformas.

Por si aún así les cuesta mucho cambiar su valoración, les voy a enumerar una serie de razones por si aún no las sabían o no las tenían en cuenta:

  • Somos el Cuerpo policial de toda la Unión Europea con mayor índice de suicidios y de enfermedades psicológicas (y posiblemente de toda Europa). En los últimos trece años, se han quitado la vida diez veces más guardias civiles que los que fueron víctimas del terrorismo.

  • En muchas zonas rurales, cuando un ciudadano/a avisa a la Guardia Civil para una emergencia, debido a la escasez de personal en los puestos, la patrulla se demora más de media hora y llega tarde. Mientras, en las comandancias no faltan oficinistas, albañiles, fontaneros, carpinteros, etc.

  • Somos el Cuerpo policial de España, y posiblemente también de toda Europa, con mayor número de retirados jóvenes por inutilidad psicofísica, y eso ya lo están notando las arcas del Estado. Por eso ahora los tribunales médicos militares mantienen en activo a agentes con enfermedades mentales o físicas que les hacen ser un impedimento o un peligro para sí mismos, los demás compañeros y para la sociedad en general.

  • Somos el Cuerpo policial que trata peor a sus propios miembros que a los delincuentes más peligrosos. Por comerse un bocadillo en un lugar que no le gusta al mando; por tener un pequeño golpe con el vehículo oficial o por decir la verdad a un superior, nos condenan a meses de prisión militar. Muchos son padres y madres de familia con hijos que no pueden comprender algo tan grotesco e injusto. ¿Cómo pueden tener ánimo esos guardias para reincorporarse al servicio cuando han visto que un mínimo descuido les cuesta la libertad?

Considero que una institución policial que se comporta de esa forma con sus agentes, en perjuicio de la sociedad a la que dice servir, no sólo debe ser valorada de la peor forma posible, sino que ni siquiera debe tener derecho a seguir existiendo. De ustedes depende, pues, que la unificación policial que acabará con la militarización que provoca las situaciones descritas (y por la que claman la inmensa mayoría de sus componentes), se haga realidad y no vuelvan a ocurrir en España del siglo XXI hechos tan dramáticos y surrealistas.




CIUDAD JUAREZ ES SOLO EL PRINCIPIO

Vivimos en un mundo superpoblado. A pesar de las innumerables guerras, terrorismo, catástrofes naturales, hambre, enfermedades y accidentes, sigue aumentando peligrosamente el número de seres humanos que pueblan este planeta que, por culpa del cambio climático, verá pronto reducida su tierra habitable. Y una de las principales consecuencias de ello es la falta de respeto por la vida de los demás, puesto que los vemos más como competidores por el espacio cada vez menor que nos toca, que como seres humanos con los que debemos convivir en paz. La muerte - de los otros – la tomamos con un sentimiento más de alivio que de dolor, salvo que sea la de alguien cercano o por una causa que nos horrorice morir, como el terrorismo.
Y estas ideas son las que, desgraciadamente, están predominando en Ciudad Juárez. La muerte de cientos de mujeres es algo que sólo preocupa a unos cuantos, principalmente sus familias, y parece ser un alivio para sus asesinos, unos malnacidos que disfrutan ensañándose con solas e indefensas mujeres. Los demás somos cómplices con nuestro silencio e inacción, actitudes que son consecuencia de la presión demográfica que vivimos. Pues siempre otras mujeres reemplazan en las maquiladoras a las desaparecidas y la vida sigue igual en Ciudad Juárez, exceptuando, claro está, a sus parientes y amistades. Y los criminales vuelven pronto a tener otras presas a su disposición ante la desidia (explicable, pero no comprensible, por las razones antedichas), de las autoridades.
Solamente sobran en este mundo las alimañas capaces de matar a sus semejantes y más si es por puro placer. Son este tipo de personas las que deberían desaparecer para que el mundo sea ms habitable, pues su existencia sólo contribuye a hacerlo parecer un infierno insufrible en el que no nos gusta vivir y Ciudad Juárez no es más que otra prueba de ello. Y el comienzo de algo terrible que nos estamos buscando con nuestra actitud cada vez más inhumana.


sábado, 30 de julio de 2011

CAZADOR CAZADO

DESPACHO DEL JEFE DE LA COMANDANCIA. 9:00 A.M.
(Sonoro taconazo al principio y al final)


- ¿Da usía su permiso, mi teniente coronel?

- Adelante, capitán López.

- ¡A la orden de usía, mi teniente coronel, sin novedad en la primera compañía!

- Gracias, siéntese, por favor. Como se imaginará, acabo de hacerme cargo del mando de esta comandancia y el motivo de haberle llamado es conocer el estado de las unidades, empezando por la suya.

- Comprendo, mi teniente coronel.

- Verá, lo primero que me ha llamado la atención es que de un total de noventa y siete guardias, ochenta y nueve han solicitado cambio de destino recientemente y treinta y dos están de baja por enfermedad, de los cuales, veinticinco es por motivos psicológicos...

- Bueno, los guardias de ahora no quieren trabajar, quieren que les lleven el sueldo a casa...

- No he terminado, capitán. Durante este año, y sólo estamos en junio, se han impuesto en su compañía setenta y cuatro sanciones disciplinarias leves y hay abiertos diecisiete expedientes disciplinarios por faltas graves o muy graves...

- No hay otra forma de imponer la disciplina, mi teniente coronel, quieren hacer lo que les dé la gana, no tienen ningún amor al servicio...

- No vuelva a interrumpirme, capitán. Hable cuando yo termine y le dé permiso.

- Dis... disculpe, mi...

- En fin, observo que usted ha impuesto casi el noventa por ciento de esas sanciones y que tenemos dos guardias de esta compañía presos en Alcalá de Henares por abandono de servicio e insulto a superior, además de uno en el hospital por intento de suicidio, sin contar con que el año pasado se suicidó de un disparo en la cabeza un componente de un puesto de su compañía. Y el índice de delincuencia ha aumentado en estos seis meses un treinta por ciento. Ahora puede hablar.

- Como le decía, mi teniente coronel, con estos guardias, la Guardia Civil va a la ruina. Ni órdenes, ni circulares, se lo pasan todo por el forro... Disculpe. Ya no hay espíritu militar ni vocación, salen de servicio a pasearse...

- Mire, capitán López, antes de llegar usted hace un año y medio, las cifras no eran las mismas que le presento y los guardias sí, en su gran mayoría. ¿A qué se debe este espectacular cambio?

- No sé, pregúnteselo a ellos, por qué se han vuelto unos perros.

- Me bastaba con preguntárselo a usted. Puede retirarse.

- ¿Ordena usía alguna cosa más?

- No, muchas gracias.

- A la orden de usía, mi teniente coronel.


BAR DE CARRETERA A LAS AFUERAS. 10:30 A.M.
(Parada para “reponer fuerzas”)


- Esto ha sido humillante, Felipe. Ese teniente coronel nuevo me echa la culpa de que mi compañía esté llena de vagos y maleantes. ¡No sabe lo que dice! ¡Es que hasta en Aranjuez se cuelan indeseables rojos!

- Desde que estoy con usted de conductor, no le veía tan enfadado... Hablando del teniente coronel, ahí acaba de estacionar su vehículo oficial.

- ¿Cómo? ¡Dios!

- Buenos días...

- A la orden de usía, mi teniente coronel. Sin novedad en el servicio. No esperaba verle de nuevo tan pronto...

- Capitán López, está usted consumiendo alcohol de servicio y de uniforme...

- Bueno, mi...

- Además, han entrado los dos al establecimiento, dejando el vehículo oficial solo y no están pendientes de las transmisiones. Son dos faltas disciplinarias que no tendré más remedio que sancionar.

- Pero, mi teniente coronel, ...

- No siga, espero sus alegaciones por escrito mañana por la mañana.

- ¿QUIÉN SE CREE USTED QUE ES? ¡SOY UN CAPITÁN DE LA GUARDIA CIVIL, NO UN PUÑETERO GUARDIA!

- Y soy un teniente coronel. Esas son réplicas desatentas, capitán. Ya es la tercera. Basta, por favor.

- ¡CÓMO SI ES LA QUINTA, ME DA IGUAL!, ¡QUÍTESE LAS ESTRELLAS Y SOLUCIONEMOS ESTO DE HOMBRE A HOMBRE!

- ¡Guardias! Detengan al capitán López por intento de agresión a un superior.


DORMITORIO DE UN PABELLÓN DE OFICIAL. De madrugada.
(Súbito y angustioso despertar)


- ¿Qué te ocurre, cariño?

- Nada, Herminia, sólo ha sido una pesadilla.

- Pero estás sudando a chorros. Ha debido de ser horrorosa, ¿No?

- No lo sabes tú bien.
DESPACHO DEL CAPITÁN DE LA PRIMERA COMPAÑÍA. 9:35 A.M.
(Jovialidad impropia de la mañana)


- ¡Bermúdez!

- ¡A la orden , mi capitán!

- Telefonee al puesto y que le digan al guardia García, el que está de baja psicológica, que no hace falta que venga a verme y lo antes posible póngame a la firma el escrito para cursar su solicitud de cambio de residencia temporal.

- ¿Cómo dice?

- Ya lo ha oído. Y, se me olvidaba, llame también al sargento Fuentes para decirle que tiene concedido el descanso continuado para este fin de semana.

- ¡A la orden, mi capitán! Tenga aquí, son las notificaciones de sanción disciplinaria para los dos guardias que llegaron tarde a la presentación y otro que tenía los zapatos sucios... ¿Pero qué hace? ¿Por qué las rompe?

- También dígale a Felipe que tiene hoy el día libre. Mañana temprano tenemos que ir a la capital, al juzgado militar y al hospital.

- ¿Adónde va ahora, mi capitán?

- A ver al cura, Bermúdez, a ver al cura.