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sábado, 30 de julio de 2011

CAZADOR CAZADO

DESPACHO DEL JEFE DE LA COMANDANCIA. 9:00 A.M.
(Sonoro taconazo al principio y al final)


- ¿Da usía su permiso, mi teniente coronel?

- Adelante, capitán López.

- ¡A la orden de usía, mi teniente coronel, sin novedad en la primera compañía!

- Gracias, siéntese, por favor. Como se imaginará, acabo de hacerme cargo del mando de esta comandancia y el motivo de haberle llamado es conocer el estado de las unidades, empezando por la suya.

- Comprendo, mi teniente coronel.

- Verá, lo primero que me ha llamado la atención es que de un total de noventa y siete guardias, ochenta y nueve han solicitado cambio de destino recientemente y treinta y dos están de baja por enfermedad, de los cuales, veinticinco es por motivos psicológicos...

- Bueno, los guardias de ahora no quieren trabajar, quieren que les lleven el sueldo a casa...

- No he terminado, capitán. Durante este año, y sólo estamos en junio, se han impuesto en su compañía setenta y cuatro sanciones disciplinarias leves y hay abiertos diecisiete expedientes disciplinarios por faltas graves o muy graves...

- No hay otra forma de imponer la disciplina, mi teniente coronel, quieren hacer lo que les dé la gana, no tienen ningún amor al servicio...

- No vuelva a interrumpirme, capitán. Hable cuando yo termine y le dé permiso.

- Dis... disculpe, mi...

- En fin, observo que usted ha impuesto casi el noventa por ciento de esas sanciones y que tenemos dos guardias de esta compañía presos en Alcalá de Henares por abandono de servicio e insulto a superior, además de uno en el hospital por intento de suicidio, sin contar con que el año pasado se suicidó de un disparo en la cabeza un componente de un puesto de su compañía. Y el índice de delincuencia ha aumentado en estos seis meses un treinta por ciento. Ahora puede hablar.

- Como le decía, mi teniente coronel, con estos guardias, la Guardia Civil va a la ruina. Ni órdenes, ni circulares, se lo pasan todo por el forro... Disculpe. Ya no hay espíritu militar ni vocación, salen de servicio a pasearse...

- Mire, capitán López, antes de llegar usted hace un año y medio, las cifras no eran las mismas que le presento y los guardias sí, en su gran mayoría. ¿A qué se debe este espectacular cambio?

- No sé, pregúnteselo a ellos, por qué se han vuelto unos perros.

- Me bastaba con preguntárselo a usted. Puede retirarse.

- ¿Ordena usía alguna cosa más?

- No, muchas gracias.

- A la orden de usía, mi teniente coronel.


BAR DE CARRETERA A LAS AFUERAS. 10:30 A.M.
(Parada para “reponer fuerzas”)


- Esto ha sido humillante, Felipe. Ese teniente coronel nuevo me echa la culpa de que mi compañía esté llena de vagos y maleantes. ¡No sabe lo que dice! ¡Es que hasta en Aranjuez se cuelan indeseables rojos!

- Desde que estoy con usted de conductor, no le veía tan enfadado... Hablando del teniente coronel, ahí acaba de estacionar su vehículo oficial.

- ¿Cómo? ¡Dios!

- Buenos días...

- A la orden de usía, mi teniente coronel. Sin novedad en el servicio. No esperaba verle de nuevo tan pronto...

- Capitán López, está usted consumiendo alcohol de servicio y de uniforme...

- Bueno, mi...

- Además, han entrado los dos al establecimiento, dejando el vehículo oficial solo y no están pendientes de las transmisiones. Son dos faltas disciplinarias que no tendré más remedio que sancionar.

- Pero, mi teniente coronel, ...

- No siga, espero sus alegaciones por escrito mañana por la mañana.

- ¿QUIÉN SE CREE USTED QUE ES? ¡SOY UN CAPITÁN DE LA GUARDIA CIVIL, NO UN PUÑETERO GUARDIA!

- Y soy un teniente coronel. Esas son réplicas desatentas, capitán. Ya es la tercera. Basta, por favor.

- ¡CÓMO SI ES LA QUINTA, ME DA IGUAL!, ¡QUÍTESE LAS ESTRELLAS Y SOLUCIONEMOS ESTO DE HOMBRE A HOMBRE!

- ¡Guardias! Detengan al capitán López por intento de agresión a un superior.


DORMITORIO DE UN PABELLÓN DE OFICIAL. De madrugada.
(Súbito y angustioso despertar)


- ¿Qué te ocurre, cariño?

- Nada, Herminia, sólo ha sido una pesadilla.

- Pero estás sudando a chorros. Ha debido de ser horrorosa, ¿No?

- No lo sabes tú bien.
DESPACHO DEL CAPITÁN DE LA PRIMERA COMPAÑÍA. 9:35 A.M.
(Jovialidad impropia de la mañana)


- ¡Bermúdez!

- ¡A la orden , mi capitán!

- Telefonee al puesto y que le digan al guardia García, el que está de baja psicológica, que no hace falta que venga a verme y lo antes posible póngame a la firma el escrito para cursar su solicitud de cambio de residencia temporal.

- ¿Cómo dice?

- Ya lo ha oído. Y, se me olvidaba, llame también al sargento Fuentes para decirle que tiene concedido el descanso continuado para este fin de semana.

- ¡A la orden, mi capitán! Tenga aquí, son las notificaciones de sanción disciplinaria para los dos guardias que llegaron tarde a la presentación y otro que tenía los zapatos sucios... ¿Pero qué hace? ¿Por qué las rompe?

- También dígale a Felipe que tiene hoy el día libre. Mañana temprano tenemos que ir a la capital, al juzgado militar y al hospital.

- ¿Adónde va ahora, mi capitán?

- A ver al cura, Bermúdez, a ver al cura.