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martes, 2 de agosto de 2011

POR FAVOR, DEJEN YA DE VALORARNOS TANTO

CARTA ABIERTA A LOS ESPAÑOLES, ESPECIALMENTE A LOS QUE CONTESTAN LAS ENCUESTAS DEL C.I.S.


Hace poco me enteré de los resultados de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, sobre valoración de las instituciones, que volvió a aupar a la Guardia Civil al primer lugar, superando a la Corona, al Cuerpo Nacional de Policía, al Parlamento, al propio Gobierno, a las Fuerzas Armadas, a los jueces, etc.

Y posteriormente, sin dar tiempo a ningún recurso de última hora, la justicia militar ordenó el ingreso inmediato en la prisión de Alcalá de Henares de los agentes que estaban pendientes de un milagro que les evitara sufrir un castigo tan absurdo como desproporcionado por conductas que, en otros cuerpos policiales, no hubieran sido ni siquiera sancionadas o, al menos, por infracciones administrativas leves. Y, en el caso de la agente de Segovia, una madre de dos hijos, cuando ya había cumplido una elevada sanción disciplinaria de siete días. ¿No dicen las leyes que nadie puede ser condenado o sancionado dos veces por el mismo hecho?

Yo veo una relación entre ambas noticias que me inquieta. Las encuestas, desgraciadamente, cada uno las interpreta como conviene a sus intereses. En este caso, el Gobierno ha interpretado la estima que la Guardia Civil merece a los españoles como un respaldo a su política ultraconservadora que viene ejerciendo con respecto al Cuerpo en los últimos años: más militarización, más rigor disciplinario y, por supuesto, nada de unificación con el Cuerpo Nacional de Policía, como reclaman los sindicatos, la asociación AUGC, que tiene más de 30.000 agentes afiliados, y el 95 % de los miembros de su propia Escala Básica. Por tanto, la justicia militar, sintiéndose amparada por lo que cree que exige la sociedad, ha actuado imponiendo el castigo ejemplar que ha considerado oportuno, aún en contra del sentido común, de sus propios servicios de salud mental y de los derechos humanos más elementales.

Pero quiero creer que lo que los españoles han valorado, con muy buena intención, es cómo los guardias civiles se esfuerzan día a día por ofrecer el mejor servicio al ciudadano a pesar de sus bajos salarios, la penuria de medios y personal en muchas unidades, el acoso de sus propios mandos y el excesivo número de horas de servicio. Otra institución con problemas menos graves se hubiera venido abajo hace ya tiempo. A todos los que nos valoraron pensando así se lo agradezco sinceramente, pero el Gobierno no lo ha visto de ese modo, y por eso quiero pedirles un gran favor: Que en la próxima encuesta nos valoren en último lugar. Sí, han leído bien, en el último lugar de la lista.

Se preguntarán por qué les pido eso. Es obvio que si el primer puesto ha servido para que el inmovilismo continúe asentado en el Cuerpo y se sigan cometiendo barbaridades propias de la dictadura, lo más lógico ahora para evitarlo es mandarnos al vagón de cola. Que los gobernantes vean que el pueblo no está contento con la Benemérita y se decida a introducir las deseadas reformas.

Por si aún así les cuesta mucho cambiar su valoración, les voy a enumerar una serie de razones por si aún no las sabían o no las tenían en cuenta:

  • Somos el Cuerpo policial de toda la Unión Europea con mayor índice de suicidios y de enfermedades psicológicas (y posiblemente de toda Europa). En los últimos trece años, se han quitado la vida diez veces más guardias civiles que los que fueron víctimas del terrorismo.

  • En muchas zonas rurales, cuando un ciudadano/a avisa a la Guardia Civil para una emergencia, debido a la escasez de personal en los puestos, la patrulla se demora más de media hora y llega tarde. Mientras, en las comandancias no faltan oficinistas, albañiles, fontaneros, carpinteros, etc.

  • Somos el Cuerpo policial de España, y posiblemente también de toda Europa, con mayor número de retirados jóvenes por inutilidad psicofísica, y eso ya lo están notando las arcas del Estado. Por eso ahora los tribunales médicos militares mantienen en activo a agentes con enfermedades mentales o físicas que les hacen ser un impedimento o un peligro para sí mismos, los demás compañeros y para la sociedad en general.

  • Somos el Cuerpo policial que trata peor a sus propios miembros que a los delincuentes más peligrosos. Por comerse un bocadillo en un lugar que no le gusta al mando; por tener un pequeño golpe con el vehículo oficial o por decir la verdad a un superior, nos condenan a meses de prisión militar. Muchos son padres y madres de familia con hijos que no pueden comprender algo tan grotesco e injusto. ¿Cómo pueden tener ánimo esos guardias para reincorporarse al servicio cuando han visto que un mínimo descuido les cuesta la libertad?

Considero que una institución policial que se comporta de esa forma con sus agentes, en perjuicio de la sociedad a la que dice servir, no sólo debe ser valorada de la peor forma posible, sino que ni siquiera debe tener derecho a seguir existiendo. De ustedes depende, pues, que la unificación policial que acabará con la militarización que provoca las situaciones descritas (y por la que claman la inmensa mayoría de sus componentes), se haga realidad y no vuelvan a ocurrir en España del siglo XXI hechos tan dramáticos y surrealistas.




CIUDAD JUAREZ ES SOLO EL PRINCIPIO

Vivimos en un mundo superpoblado. A pesar de las innumerables guerras, terrorismo, catástrofes naturales, hambre, enfermedades y accidentes, sigue aumentando peligrosamente el número de seres humanos que pueblan este planeta que, por culpa del cambio climático, verá pronto reducida su tierra habitable. Y una de las principales consecuencias de ello es la falta de respeto por la vida de los demás, puesto que los vemos más como competidores por el espacio cada vez menor que nos toca, que como seres humanos con los que debemos convivir en paz. La muerte - de los otros – la tomamos con un sentimiento más de alivio que de dolor, salvo que sea la de alguien cercano o por una causa que nos horrorice morir, como el terrorismo.
Y estas ideas son las que, desgraciadamente, están predominando en Ciudad Juárez. La muerte de cientos de mujeres es algo que sólo preocupa a unos cuantos, principalmente sus familias, y parece ser un alivio para sus asesinos, unos malnacidos que disfrutan ensañándose con solas e indefensas mujeres. Los demás somos cómplices con nuestro silencio e inacción, actitudes que son consecuencia de la presión demográfica que vivimos. Pues siempre otras mujeres reemplazan en las maquiladoras a las desaparecidas y la vida sigue igual en Ciudad Juárez, exceptuando, claro está, a sus parientes y amistades. Y los criminales vuelven pronto a tener otras presas a su disposición ante la desidia (explicable, pero no comprensible, por las razones antedichas), de las autoridades.
Solamente sobran en este mundo las alimañas capaces de matar a sus semejantes y más si es por puro placer. Son este tipo de personas las que deberían desaparecer para que el mundo sea ms habitable, pues su existencia sólo contribuye a hacerlo parecer un infierno insufrible en el que no nos gusta vivir y Ciudad Juárez no es más que otra prueba de ello. Y el comienzo de algo terrible que nos estamos buscando con nuestra actitud cada vez más inhumana.