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martes, 2 de agosto de 2011

CIUDAD JUAREZ ES SOLO EL PRINCIPIO

Vivimos en un mundo superpoblado. A pesar de las innumerables guerras, terrorismo, catástrofes naturales, hambre, enfermedades y accidentes, sigue aumentando peligrosamente el número de seres humanos que pueblan este planeta que, por culpa del cambio climático, verá pronto reducida su tierra habitable. Y una de las principales consecuencias de ello es la falta de respeto por la vida de los demás, puesto que los vemos más como competidores por el espacio cada vez menor que nos toca, que como seres humanos con los que debemos convivir en paz. La muerte - de los otros – la tomamos con un sentimiento más de alivio que de dolor, salvo que sea la de alguien cercano o por una causa que nos horrorice morir, como el terrorismo.
Y estas ideas son las que, desgraciadamente, están predominando en Ciudad Juárez. La muerte de cientos de mujeres es algo que sólo preocupa a unos cuantos, principalmente sus familias, y parece ser un alivio para sus asesinos, unos malnacidos que disfrutan ensañándose con solas e indefensas mujeres. Los demás somos cómplices con nuestro silencio e inacción, actitudes que son consecuencia de la presión demográfica que vivimos. Pues siempre otras mujeres reemplazan en las maquiladoras a las desaparecidas y la vida sigue igual en Ciudad Juárez, exceptuando, claro está, a sus parientes y amistades. Y los criminales vuelven pronto a tener otras presas a su disposición ante la desidia (explicable, pero no comprensible, por las razones antedichas), de las autoridades.
Solamente sobran en este mundo las alimañas capaces de matar a sus semejantes y más si es por puro placer. Son este tipo de personas las que deberían desaparecer para que el mundo sea ms habitable, pues su existencia sólo contribuye a hacerlo parecer un infierno insufrible en el que no nos gusta vivir y Ciudad Juárez no es más que otra prueba de ello. Y el comienzo de algo terrible que nos estamos buscando con nuestra actitud cada vez más inhumana.


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