Pensaba que el anterior sería mi último trabajo escrito antes de dejar este mundo, si fuera posible luchando contra contra los responsables de los que lo hundieron como nunca (por afectar a tantos miles de millones de personas al mismo tiempo). Pero mientras ese momento llega, necesito expresar lo que siento, descargarlo aquí a fin de que conste para la posteridad si este blog me sobrevive. Y el orden de las reflexiones no es el de importancia, sino según me fueron llegando a la mente. Todas son realmente relevantes.
Creo que algunos de los que están en contra del uso prolongado e innecesario de las mascarillas, se equivocan en denominarlas despectivamente “bozales”. No es así. Ojalá fueran bozales, pues estos al menos tienen rendijas o agujeros por donde entra y sale libremente el aire, lo que no ocurre con las mascarillas que, en mi opinión, se asemejan mucho más a mordazas y además cumplen esa función, porque nos las han impuesto por razones políticas y no sanitarias. A día de hoy, dos meses después de haber obligado a todo el mundo a usarlas, las infecciones han aumentado mucho más que antes, según las cifras oficiales, aunque ahora empiecen a culpar a una segunda ola.
Una de las promesas electorales del PSOE y UP era derogar la polémica “ley mordaza” del PP, pero no solo no lo hicieron, sino que han permitido que acabemos todos amordazados.
No yendo muy lejos al pasado, vemos que Stalin mató a millones de personas por razones políticas, Hitler hizo lo mismo por cuestiones racistas y Mao también por razones "culturales" (es extraño que cada vez se mencione menos a este último en la lista de dictadores asesinos, ¿blanqueando la historia de China?). Ahora, unos pocos (piensen en los nombres más sospechosos, pueden ser varios socios) matarán a muchos millones más por razones filantrópicas.
Hoy vi en la web de un medio de prensa amarilla de España, las imágenes de varios sanitarios en una UCI volteando a un supuesto enfermo de Covid. Apenas se distinguía el paciente. Me llamó la atención el nuevo EPI de los médicos y enfermeros (o doctoras y enfermeras), de color amarillo fuerte con unas gafas de protección negras gruesas. Parecían minions. ¿Ya no hay uniformes blancos? ¿Era un hospital español? Dejándonos de chistes, ellos con tantas protecciones y a nosotros nos exigen ya que no nos contagiemos, sólo con mascarillas, higiene y distanciamiento, pero a pesar de ello somos unos irresponsables y seguimos infectándonos, que no enfermando, que es muy diferente. También esas imágenes me hicieron reafirmar mi decisión de morir en mi casa si pillo la versión grave del Covid, así que estén tranquilos los histéricos que se creen que tenemos tanto miedo, que a la primera tos nos fuéramos a ir corriendo a un hospital. Por nosotros no será el colapso, sino por la incompetencia o corrupción política que desmanteló la sanidad pública.
En los años noventa del siglo pasado, me aficioné a ver una serie de televisión norteamericana que tuvo mucho éxito, Expediente X, de ciencia ficción, muy entretenida e inquietante a veces. Al inicio de cada capítulo, salía la frase trascendental: “La verdad está ahí fuera”. Y tanto es que ahora es fundamental tenerla en cuenta: Debemos salir fuera, mirar a nuestro alrededor, en las calles, comercios, campos... Salvo que vamos amordazados, todo lo demás no se ve tan apocalíptico como nos dicen los gobiernos y los medios de manipulación, sobre todo, la televisión. E indagar en nuestra familia y amigos y comprobar que no hay tantos enfermos ni muertos como nos dicen los medios. Esa es la verdad y no la que nos machacan continuamente. Dejemos de ver las noticias y todo será menos angustiante y empezará a mejorar. Yo las veo en contadas ocasiones porque, a través de ellas, los infames responsables de esta catástrofe son tan prepotentes que nos anuncian sus planes futuros, y así poder estar preparado.
La vuelta al colegio en España ha sido más traumática que en el resto de Europa, empezando porque aquí la edad mínima para obligar a usar la mascarilla a los niños es de 6 años (cuando 11 ó 12 es en otros países de la UE), como si los españoles fuésemos de otra especie humana o más sensibles al virus. Luego obligarles a mantener distanciamiento durante varias horas, sin tocarse ni jugar a nada en los recreos, solo comerse su almuerzo y regresar. Ya hay un caso que conozco (y seguro serán más) de un niño que prefiere el confinamiento a pasar la mañana en un escenario de guerra biológica. Lo entiendo. Cuando estaban confinados no se les recordaba continuamente el “peligro mortal” ni les hacían sentirse como “armas biológicas letales”. Y encima ya les vuelven a cerrar los parques infantiles en muchas ciudades. Esto ya es un crimen grave contra la infancia, contra la salud mental de los niños, y el silencio de UNICEF les hace cómplices de él.
Hace poco he visto una película histórica, basada en hechos y personajes reales, en la que el protagonista tiene que tomar la trascendental decisión de elegir salvar a unos pocos o a muchos (y muchos con diferencia). No doy más datos por no hacer spoiler. El caso es que, aconsejado por alguien sabio, toma la decisión más lógica. Esa es la gran diferencia con la crisis actual, en la que se ha tomado la resolución más ilógica e irracional. No han aprendido de la historia y por eso la manipulan y la recortan cada vez más en los sistemas educativos públicos.
Siguiendo con la historia, antaño me preguntaba cómo unos cuantos miles de personas en Alemania pudieron exterminar a seis millones de judíos. Posteriormente supe que fue gracias a la propaganda (para convencer a los que se convirtieron en verdugos) y al engaño, como ahora. Las víctimas fueron llevadas dócilmente a las cámaras de gas porque a pesar de estar sometidas a un gobierno criminal, aún les quedaba confianza en él, porque era "su" gobierno. Para ellas era imposible creer que su propio gobierno les quisiera asesinar. Y entraron al matadero convencidas de que iban solamente a ducharse, tras un largo viaje apelotonados en trenes de ganado. Unas pocas personas, como ahora, se dieron cuenta del engaño y lucharon por sus vidas, muriendo acribilladas a balazos llevándose a algún asesino con ellas. Pero fue una muerte rápida y con menos sufrimiento que la de las que fueron gaseadas. Las matanzas más numerosas de la historia han sido siempre ordenadas por algún gobierno. ¿Y seguimos fiándonos de ellos? ¿Iremos plácidamente al matadero sedados con sus mentiras e inquietantes promesas como "no dejar a nadie atrás"?
Nos llaman “conspiranoicos” aquellos paranoicos que sienten que el virus está en todas partes y en todas las personas de su alrededor, que hasta saltan cuando camino cerca de ellos, porque dos metros no les bastan. ¿Cómo pueden vivir así tantos meses, o años como pretenden los responsables de esto? Sin embargo, nosotros estamos también preocupados porque esto es parte de algo tan grave o más que solo se le podría parar si nos plantamos todos y dejamos de seguirles el juego, puesto que es un escenario que no contemplan y quedarían desconcertados, incapaces de reaccionar. Estamos en una guerra que los ricos y poderosos nos han declarado hace años, porque les sobramos muchos en sus maquiavélicos planes de futuro y temen que nos unamos y vayamos a por ellos, a que se haga justicia de una vez.
Si piensan que sobra mucha gente en el mundo, no es justo matar indiscriminadamente a todo el que pase por la calle como hacen los terroristas típicos. Deberían empezar por gente que ni con la prisión se reforme, como asesinos en serie y otros psicópatas, pedófilos, violadores y los que despojan a los pobres. Como, desgraciadamente, cada vez hay más de estos especímenes, llegaríamos pronto a una reducción significativa de la población y a un mundo más feliz. La pega es que entre los que han planeado esto, seguro que hay alguno clasificado en alguna de estas categorías.
Recientemente, la OMS afirmó que el saludo con el codo no es correcto al no respetar la distancia de seguridad y el CDC de Estados Unidos anunció que el virus se puede transmitir por aerosoles de nuestra respiración que permanecen hasta tres horas flotando en el ambiente de lugares que no están al aire libre. Este segundo comunicado fue retirado solo un día más tarde porque “aún no hay suficiente evidencia científica”. ¿O fue la presión de los medios televisivos? Porque, en caso de comprobarse, todos los programas de televisión de todo el mundo realizados en platós, deberían hacerse con mascarilla puesta, pues dice el mismo CDC que es la mejor protección, y sin hacer el ridículo saludo de chocar el codito. Es donde también queda evidente la discriminación social exacerbada por el virus: presentadores, concursantes, tertulianos o invitados libres de mascarilla, mientras que detrás o delante de ellos, aún manteniendo distancia, los trabajadores de la producción y los espectadores están amordazados. Lo peor es que, sobre todo en el canal de la Sexta, hipócritas tertulianos y presentadores sin mascarillas, en platós cerrados, critican y se burlan de todos los que no usan la maldita mordaza. Y apuesto también a que los políticos se la quitan cuando no ven una cámara que los enfoque.
Antes pensaba que la mayoría de los políticos eran malvados. Me equivocaba. Todos son malvados, no se libra ninguno, es más, creo que un requisito fundamental para medrar en política es ser malvado. La ingenua buena persona que se quiere dedicar a ella enseguida es apartada ferozmente del mal camino, a no ser que se transforme en otro malvado más. Ahora es primordial limpiar la profesión política, primero eliminando esa palabra del diccionario y sustituirla por dos: “servicio público”. Que todo el que quiera entrar en esta profesión que sepa que es para servir al pueblo, como inequívocamente expresa su nueva denominación. Y sí, sé que es muy difícil, así es la condición humana. Hay mucho charlatán todavía que atrae a las masas, es lo que se llama el carisma. A la m... el carisma, hay que buscar en las personas que administren lo público honradez, integridad y empatía.
En esta distopía que estamos viviendo, leo un artículo en una web de noticias en el que un matrimonio va a visitar a sus padres, tras seis meses en el extranjero, y no les dejan que los abracen ni les besen, y, estando los padres en su propia casa, les exigen que se pongan la mascarilla y mantengan la distancia de seguridad. Si mi hijo me hace eso, lo echo a patadas de mi casa. Es que prefiero que me mate el virus antes de que un hijo se niegue a abrazarme y me pida que me amordace en mi propio hogar. A lo que estamos llegando. Y encima se sienten orgullosos de contarlo. A lo mejor es otra historia falsa de las muchas que sueltan los medios de manipulación para “concienciar”, porque es muy difícil de creer. Madre mía.
Antes pensaba que el negocio del virus estaba en las vacunas, pero viendo los recientes fracasos y la carrera feroz por lograrla entre países y farmacéuticas, creo que el verdadero negocio son los geles hidroalcohólicos y las mascarillas. Los primeros ya están en todas partes, incluso se exige que los escolares de seis años en adelante que los lleven en la mochila, cuando hasta hace poco era algo que no debía estar al alcance de los niños. Cómo cambian las normas según convenga. Las segundas, las mordazas, que, no conformes con haber doblegado a los gobiernos para obligar a todo el mundo a usarlas, y como ven que aún no han ganado los miles de millones que les gustaría llevarse a sus paraísos fiscales, ahora quieren que las “utilicemos correctamente”, o sea, cambiar las quirúrgicas cada cuatro horas o menos según el ambiente, o limitar el número de lavados de las reutilizables, el caso es seguir siendo asquerosamente ricos a costa los pobres ingenuos atemorizados por los gobiernos y medios de manipulación. Y si los muy pobres no pueden permitírselo, no pasa nada, es el gobierno el que se las facilitará, comprando millones de mascarillas con cargo a los impuestos de todos. Igual que harán con la vacuna supuestamente gratuita.
Creo que los que han provocado todo este pánico e histeria por un virus que no es tan letal como anunciaban, se aprovechan del escaso o nulo conocimiento de matemáticas o estadística básica de la mayoría de la gente, facilitada por la deficiente educación recibida es esta materia. ¿Porqué los “casos” (que no enfermos) se expresan en tantos por cien mil o por millón? Para asustar, claro. Por ejemplo, el 19 de septiembre la incidencia en el barrio de Lavapiés (Madrid) era de 1.185 por cada 100.000 habitantes, así parece mucho. ¡Dios mío, más de mil enfermos en Lavapiés! Pues no, sólo es el 1,2% de la población del barrio, no todos están enfermos y es un porcentaje normal para una enfermedad respiratoria en estas fechas. 1,2% ya no espanta tanto, como lo es el hecho de que después de más de medio año de pandemia en España, aún no llegan ni al 1,5% de contagios en todo el país, y esto sin poder descontar los recuperados que llevan meses sin publicarlos, que ya es otro enigma más. Mientras, siguen alarmando los medios de manipulación con que las UCIS están llenas (también estaban casi llenas cuando familiares míos fueron ingresados en ellas hace años) y los datos oficiales del gobierno no lo reflejan. Hasta los mismos conspiradores para matarnos se contradicen entre ellos. ¿Dónde está el sentido común de la gente para darse cuenta de tanta exageración, medias verdades, mentiras y terrorismo informativo?
Voy a explicarlo como si hubiera que hacerlo a un niño: esta enfermedad nueva no contagia tanto como dicen en comparación con otros virus respiratorios, muchos no tendrán ningún síntoma (aunque serán criminalizados como apestados), unos pocos sentirán síntomas leves como tos o fiebre, muy pocos irán a un hospital a ser atendidos, muy muy pocos acabarán en una UCI, y muy muy muy poquitos morirán. Es decir, es más fácil que nos toque el gordo de la lotería de navidad que morir de este virus, aunque es cierto que personas muy mayores, con déficit de vitamina D, y las enfermas de otras cosas juegan algunos décimos más. Pero ¿Justifica eso los confinamientos, las otras enfermedades no atendidas, el pánico y la histeria, el maltrato infantil, el hambre que pasarán millones, las depresiones y suicidios? Por supuesto que NO.