jueves, 5 de noviembre de 2020

LA SOLUCIÓN A LA "PANDEMIA"

     Puse entrecomillado "pandemia" porque antes de que la corrupta OMS cambiara las condiciones que la definen hace pocos años, esto no entraría en esa categoría, al igual que también hace más tiempo cambiaron los parámetros para definir la hipertensión y la hipercolesterolemia (recomiendo el libro "Si puede, no vaya al médico" del doctor Antonio Sitges-Serra), en todos los casos sin criterios objetivos, y con miras a beneficiar siempre a las compañías farmacéuticas.

    Pero seré breve, prácticamente he dicho todo lo que tenía que decir en los anteriores artículos. Aquí solo me limitaré a decir que encontré la solución a la crisis sanitaria de este coronavirus, y es que muchas veces los problemas complejos tienen una solución simple.

    ¿Cómo sabemos que tenemos el Covid-19? Como los síntomas son muy generales, que también están presentes en muchas más enfermedades, la única "prueba" de que lo tenemos es por una máquina que nos hace la famosa PCR. Entonces, es muy fácil: Eliminemos esa prueba para siempre y usémosla solo para lo que su inventor, el oportunamente fallecido Premio Nobel Kary Mullis, la diseñó.

    En cuanto desaparezcan las "PCR" (el arma de destrucción masiva más poderosa de la historia), volverán a existir otras enfermedades respiratorias que extrañamente estaban extinguiéndose, como la gripe, los catarros, los resfriados, las faringitis, bronquitis, laringitis, amigdalitis, las pulmonías y las neumonías. Vamos, las enfermedades respiratorias que siempre nos han asediado, incluso colapsando a veces los centros sanitarios (vean las hemerotecas), pero que nunca habían causado tal destrozo moral, social y económico en la humanidad.

    La libertad y la tranquilidad regresarán el mismo día que la "PCR" sea desterrada, y, por supuesto, que se haga lo mismo con las otras pruebas rápidas que sirven para la detección indirecta del virus, y que son aún menos fiables.

    Pero está claro que los que nos gobiernan no querrán hacerlo, porque entonces tendrán que responder por todos los daños y perjuicios que han causado a millones de personas con los encierros, mascarillas, distancias, separaciones, cierre de negocios y actividades y, sobre todo, a la infancia, a la juventud e incluso a los mismos ancianos que pretendían imperiosamente proteger y que morirán (lógicamente, por edad avanzada) habiendo disfrutado muy poco o nada de la escasa vida que les queda en compañía de sus familias.

    Torres más altas han caído.


  

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